¿Ultraderecha al estilo Jalisco? Sobre el rechazo a la ley de infancias trans

Crédito: Víctor Solís

El gobernador de Jalisco, Pablo Lemus Navarro, ha dado un primer golpe de autoridad al tirar línea a los diputados de Movimiento Ciudadano en el Congreso de Jalisco, quienes no rompieron la disciplina partidista y votaron en contra de la denominada Ley de Infancias Trans, impulsada por el bloque de Morena, junto con sus aliados, Futuro y Hagamos, que si bien ya no cuentan con registro como partidos políticos locales, sí conservan la representación parlamentaria.

No es el objetivo de este artículo analizar el contenido de la iniciativa, es decir, sus implicaciones ideológicas y morales, y mucho menos emitir una opinión relativa al debate sobre salud pública que la discusión de esta ley propició. Este breve texto, en cambio, busca reflexionar sobre la racionalidad de los tomadores de decisiones públicas, particularmente el gobernador Pablo Lemus Navarro, en la que podría considerarse la primera gran decisión que marca una clara diferencia con la postura de su antecesor, Enrique Alfaro Ramírez.

¿Qué proponía la Ley de Infancias Trans?

En síntesis, “la reforma a la Ley del Registro Civil del Estado de Jalisco elimina la limitante de edad para que cualquier niño o niña pueda modificar su género en su acta de nacimiento para que corresponda con el que se autoperciben” (Animal Político, 7 de marzo de 2025).

La realidad es que, de no haberse convertido en una discusión que saltó fuera del círculo rojo y de los actores interesados (familiares de infantes transgénero, colectivos por la diversidad sexual, academia, generadores de opinión pública), en principio, la ley tendría que haber sido “de trámite”, pues se trataba de una iniciativa exclusivamente para cumplir con la orden de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que exigía a los estados garantizar el derecho de las personas menores a acceder y gozar de la identidad con la que se autoperciben (Animal Político, 7 de marzo de 2025), a través del cambio legal de la identidad que les fue asignada al nacer en relación con la determinación genital-clínica ligada al sexo, que no género.

¿Cómo votaron los grupos parlamentarios?

Congreso de Jalisco: votación por partidos

(Obsérvese la ruptura de bloques y disciplina parlamentaria)

Fuente: elaboración propia

La reforma a la Ley del Registro Civil del Estado de Jalisco para permitir a menores de edad el cambio de identidad de género basado en la autopercepción fue rechazada, con 21 votos en contra; 13 a favor, y una abstención. Tres diputados —del total de 38 que conforman el Congreso de Jalisco— se ausentaron de la votación, por lo que el quórum se redujo a 35, con una mayoría simple fijada en 18 para la aprobación, muy alejada de los 13 votos afirmativos que recibió la iniciativa.

Movimiento Ciudadano, el partido que gobierna el Ejecutivo estatal, votó en bloque, sin diputados disidentes, más allá de una ausencia. Morena, la oposición y segunda fuerza en el Congreso, se resquebrajó, con dos diputados votando con el bloque oficialista y una abstención. Acción Nacional, el PRI y PVEM se sumaron a MC en esta votación específica. Los aliados habituales de Morena en Jalisco, Hagamos y Futuro, se mantuvieron leales al bloque opositor, incluso el independiente Alejandro Puerto, quien abandonó las filas de Morena por diferencias con la dirigencia estatal. El Partido del Trabajo se dividió, con un voto disidente en el bloque oficialista y otro voto disciplinado en el bloque encabezado por Morena.

¿Qué nos dice la votación del escenario político en Jalisco respecto al nacional?

Lo más evidente es la fragmentación extrema del bloque opositor en el Congreso de Jalisco, ocasionada, principalmente, por las interminables rupturas internas en Morena que no han cesado prácticamente desde que se constituyó como partido en la entidad. A nivel estatal, las siglas que son hegemónicas en lo nacional, si bien tienen una dirigencia oficial en la presidencia de Érika Pérez, y un actor predominante —Carlos Lomelí—, no terminan de unificarse.

Tras el sorpresivo avance de Morena en el estado después de las elecciones de 2024, los guindas pretendieron con optimismo su consolidación definitiva como una alternativa realista a los gobiernos de Movimiento Ciudadano tras años de desgaste, sin embargo, únicamente han demostrado incapacidad para edificar una estructura partidista sólida y disciplinada en Jalisco. Tal es la situación de avería interna que su mejor activo para las próximas elecciones estatales y municipales no es morenista de carnet, sino que es Ricardo Villanueva Lomelí, quien próximamente se integrará en el gobierno de Claudia Sheinbaum.

Paradójicamente, Morena sí mostró capacidad para mantener en la votación a sus aliados ideológicos —Hagamos y Futuro— aunque esto responde a que, al ser bancadas tan reducidas, los diputados de Hagamos y Futuro actúan más como individuos que como partido, por lo que en momentos de alta polarización se les abren ventanas de oportunidad para darse a conocer mediáticamente; tampoco había ningún incentivo de estas dos fuerzas políticas para sumarse al bloque oficialista, especialmente, porque ambas son progresistas y apoyaban con firmeza el contenido de la iniciativa. Sin embargo, tendría que ser un motivo de preocupación grave para Morena no lograr cohesión parlamentaria en tres de sus miembros.

Otro elemento particular de la realidad política de Jalisco, aunque obvio, es que no es una calca de lo que acontece en la política nacional. Los aliados de Morena a nivel federal (PVEM y PT) tienen comportamientos díscolos en Jalisco que responden más a los intereses y negociaciones particulares de los diputados de dichos partidos que a una agenda ideológica-programática.

¿Cuáles fueron los incentivos políticos de Pablo Lemus para asumir la votación como una causa personal?

Aunque el análisis superficial sugeriría que el gobernador Lemus tuvo motivaciones ideológicas o incluso religiosas (hay quienes ya lo identifican por esta decisión como parte de la marea de la ultraderecha a nivel global, algo francamente absurdo) para oponerse a la Ley de Infancias Trans, una disección estrictamente política podría revelar los incentivos que tuvo el mandatario jalisciense para oponerse con tal contundencia a la ley:

  1. Demostrar que tiene el control de sus parlamentarios. Objetivo cumplido, pues Movimiento Ciudadano votó en bloque y sin desertores, más allá de la ausencia de un diputado.
  2. Demostrar capacidad de interlocución con otros partidos. Inmediatamente después de ser electo gobernador de Jalisco, Lemus zanjó la campaña y tuvo rondas de conversaciones con dirigentes de los partidos que podrían convertirse en sus aliados para construir una mayoría parlamentaria sólida, especialmente Acción Nacional y el PRI. Así, Lemus deja claro que, a pesar de contar con cinco diputados menos que su antecesor —Enrique Alfaro Ramírez—, tiene una mayoría firme en el Congreso que le brinde gobernabilidad a su sexenio (su fiscal, por ejemplo, fue ratificado con 30 votos a favor y sólo cuatro en contra, además de una abstención).
  3. Evidenciar la crisis interna de Morena Jalisco. Los guindas no han sido capaces de encontrar un liderazgo que les unifique a nivel estatal, y hay una multiplicidad de actores jugando por distintas bandas, lo que se traduce en la imposibilidad, ya no digamos de disciplina parlamentaria (un elemento mínimo en un partido), sino una estrategia de oposición común.
  4. Dejar en claro que Lemus es el nuevo líder de MC Jalisco. Como es bien sabido, Lemus nunca fue la opción predilecta del exgobernador Alfaro para sucederle, por lo que éste último dejó los principales puestos de poder (incluyendo diputados) “lo mejor atados posibles” para evitar que Lemus desmantelara o entregara lo conseguido durante el sexenio alfarista. Precisamente fue Alfaro el primer gobernador en la historia de México en aprobar por decreto que los registros civiles de Jalisco pudieran cambiar a los menores de edad trans su identidad de género. Más allá de las motivaciones ideológicas personales de Lemus, con este bandazo o cambio de dirección busca demostrar que tiene personalidad propia y que el lemusismo es una realidad. Él manda ahora.
  5. Recuperar el discurso contra el centralismo. Uno de los argumentos esgrimidos tanto por Lemus como por los integrantes de Movimiento Ciudadano en Jalisco es que el Congreso del Estado tiene soberanía propia para determinar las leyes que los jaliscienses se dan a sí mismos, más allá de cualquier orden de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (un debate federalista sin duda interesante). Por otra parte, Lemus y MC Jalisco se enfrentaron a la dirigencia de Ciudad de México, siempre identificada como más progresista y posicionada a la izquierda que sus pares jaliscienses, una forma de recuperar el eslógan tan machacado de que “Jalisco se cuece aparte” y que “nadie del Centro le da órdenes a Jalisco”.
  6. Un cálculo de que los costos políticos serán menores a los réditos. Si bien analistas, opinólogos e incluso simpatizantes del partido descontentos con la determinación de Lemus afirman que “le saldrá muy caro” o que es “un error político mayúsculo”, no existen datos comprobables que puedan dar constancia de ello. Lo cual es una pena, pues ojalá existiera un organismo público, como el Instituto de Información Estadística y Geográfica (IIEG), que realizara encuestas periódicas sobre la ideología y los principios de los jaliscienses respecto a distintas temáticas como el de cambio de identidad para personas transgénero. Es probable que el gobernador cuente con encuestas internas que le hayan permitido observar que, al menos en este tema, la sociedad jalisciense se mantiene reticente a la ampliación de derechos, pero esto es sólo una suposición.

Conclusiones

Si bien en la prensa escrita, en las tertulias televisivas y en redes sociales se está dando un debate acalorado sobre el contenido de la ley, este artículo no busca analizar si la ley estaba bien o no redactada en términos jurídicos; la protección de los derechos de los menores de edad bajo una óptica conservadora (blindarles de cambios clínicos irreversibles) o bajo una óptica progresista (garantizar el pleno goce de su identidad autopercibida); las implicaciones bioéticas y de salud pública, así como un análisis comparado de los efectos de leyes similares en otras soberanías tanto nacionales como subnacionales.

Por tanto, el objetivo principal de este texto es observar cómo una votación que provocó un debate público intenso —que trascendió incluso a lo nacional— y que generó polarización en la sociedad jalisciense pudiese responder más a objetivos partidistas-pragmáticos que ideológicos. Nunca será posible ingresar en la psicología de los tomadores de decisiones públicas, y hacerlo es un ejercicio tan burdo como inútil, por lo que el estudio de la política debe centrarse, principalmente, en lo realmente observable y en los efectos constatables del poder.

David Gómez-Álvarez

Catedrático de la Universidad de Guadalajara. Doctor en Administración Pública por la Universidad de Nueva York (NYU).