
¿Por qué los sistemas federales —las federaciones— están centralizando la capacidad de legislar? Esta es la pregunta central que abordé en el trabajo Party system nationalization, party centralization and legislative de/centralization in federal democracies recientemente publicado en la revista Party Politics.[1]
El federalismo contiene una lógica fundamental. Concentrar en el nivel nacional el mínimo aceptable de capacidades y dejar a los gobiernos subnacionales la mayor cantidad posible de facultades para que la política pública se adapte a las necesidades, preferencias y recursos disponibles de cada región[2] y arraigar esta distribución de poder constitucionalmente. Es decir, el federalismo tiene como eje fundamental la creación de un sistema de gobierno flexible que permita la creación de políticas públicas que obedezcan a preferencias diversas entre regiones, sin sacrificar los factores que unen a estas regiones en una nación única, a la vez que la única forma de alterar estas normas debe ser la reforma legislativa, o incluso constitucional.[3]
Por qué, entonces, las legislaturas locales tienen agendas cada vez más vacías y legislan sobre cada vez menos asuntos. ¿A qué se debe que cada vez más áreas de política pública sean potestad de las legislaturas nacionales y cada vez menos competan a las legislaturas de los estados? Mucha tinta se ha vertido desde el siglo pasado para describir evidencia, a favor y en contra de la centralización, basada en culturas laborales heterogéneas, diferencias en dotaciones naturales de recursos naturales, culturas divergentes entre regiones, u orígenes religiosos, por mencionar algunas. No obstante, existe poca evidencia que aborde este fenómeno de forma comparada para una muestra relativamente grande de países federales.
Del mismo modo, pocas de estas explicaciones se han enfocado en el sistema de partidos. En última instancia, la distribución de atribuciones entre órdenes de gobierno es producto de decisiones sobre leyes, es decir, es sujeto de negociaciones políticas entre partidos, pero también al interior de los partidos. Vale mencionar por adelantado que en este texto se aborda más la dinámica centralización/descentralización clásica. Sin embargo, los sistemas federales también atraviesan dinámicas de recentralización que no implican cambios estructurales, sino dinámicas más sutiles donde el gobierno nacional coerciona a los gobiernos subnacionales y echa mano de la ventaja que tiene en cuanto a profundidad de bolsillo y personal disponible (capacidad estatal y fiscal, en términos académicos). Estas dinámicas de recentralización, a la vez, pueden buscar el mejor interés de los gobernadores, considerando que puede ser más conveniente para ellos dejar que el gobierno federal se encargue de políticas públicas que impliquen inversiones onerosas y pocos réditos electorales, o bien, que puedan convertirse en pérdidas políticas. Juan Cruz Olmeda cuenta con la mejor revisión de este tema.[4]
Teniendo estas dos carencias en mente, la de evidencia comparativa entre federaciones y la de explicaciones provenientes del sistema de partidos, el artículo citado busca sopesar alguna evidencia nueva —usando datos nuevos traídos por Paolo Dardanelli y sus colegas[5] y adiciones de federaciones en desarrollo—[6] detrás de un par de hipótesis viejas, específicamente que el nivel de nacionalización y de centralización de los partidos políticos son fuertes determinantes del nivel de centralización federal.
Por un lado, que el nivel de nacionalización del sistema de partidos, la medida en que los distintos partidos políticos puedan ser electoralmente competitivos a lo largo de las regiones del país, es un fuerte determinante del nivel de centralización de las capacidades de legislar en los países federales. Puesto de otra forma: que, en países con sistemas de partidos regionalizados, podemos esperar sistemas federales más descentralizados; mientras que ahí donde los sistemas de partidos estén más nacionalizados, podemos esperar federalismo más centralizados —una vieja hipótesis planteada por Bill Riker en su Federalism: Origin, Operation & Significance de 1964, pero poco respaldada con evidencia empírica .[7]
Por otro lado, pasando del nivel sistémico al interior de los partidos, podemos argumentar que los partidos no sólo varían en su nacionalización, sino también en su nivel de centralización; es decir, en la ubicación de la toma de decisiones al interior del partido. Y esta centralización tiene efectos en la repartición vertical de poderes a través de los incentivos que un sistema centralizado o descentralizado puede crear para los legisladores.
Para aclarar el argumento, pensemos en cuatro casos hipotéticos. Primero, una legisladora de un partido nacional y centralizado (por ejemplo, el PRI mexicano entre 1940 y 1988) probablemente será instruida por el presidente del partido o el líder de la bancada a atraer facultades hacia la legislatura nacional,[8] ya que ahí es donde el partido tendrá más influencia en la ley resultado del proceso.
Por otro lado, pensemos en una legisladora peronista en Argentina de la provincia de Córdoba. Ella también forma parte de un partido nacionalizado, el Partido Justicialista, sin embargo, es posible que no forme parte del grupo que obedece al liderazgo nacional, sino que recibe sus señales de un liderazgo estrictamente cordobés.[9] Esta legisladora probablemente estará expuesta a instrucciones de su jefe de bancada en el congreso de la nación, pero también recibirá señales, quizá opuestas, desde Córdoba capital. Las primeras, convenciéndole de votar a favor de dejar la seguridad social como un asunto del gobierno nacional; las segundas, pidiéndole que algunas áreas de esta política queden para la provincia, o bien, que negocie su respaldo a las preferencias nacionales por transferencias para la provincia[10].
En tercer lugar, pensemos en una legisladora quebequense, miembro del Parti Québécois. Al ser miembro de un partido regional con una clara agenda regionalista e independentista incluso, tendrá incentivos para apoyar legislación que transfiera facultades del gobierno nacional a los gobiernos provinciales, a la vez que se opone a legislación centralizante. Este tipo de partidos, por definición, no suelen ser nacionales; a saber, sólo son competitivos en las regiones donde se encuentra el clivaje regional que representan. Sin embargo, estos partidos sí que pueden estar más o menos centralizados en su toma de decisiones, con casos como el de Quebec donde la toma de decisiones suele acumularse en el nivel provincial, o casos como los españoles Eh Bildu, Partido Nacionalista Vasco o Esquerra Republicana, con mecanismos de toma de decisión más descentralizados hacia la esfera municipal.
Tabla 1: Relación entre centralización y nacionalización del partido
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Centralización del Partido |
Partido Nacional |
Partido Regional |
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Partido Centralizado |
PRI en México. Incentivos para centralizar |
PQ en Canadá. Incentivos para descentralizar |
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Partido Descentralizado |
PJ en Argentina. Incentivos para negociar |
PNV en España. Incentivos para descentralizar |
Con esta estructura de potenciales ofertas de incentivos en mente, planteamos una estrategia cuantitativa clásica de efectos fijos en dos sentidos, descrita con mayor detalle en el artículo, para una muestra de once países federales (Alemania, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, Estados Unidos, India, México, Nigeria, Suiza y Pakistán). Los resultados respaldan las hipótesis que hemos planteado y pueden consultarse aquí. Como se aprecia en la figura 1, la nacionalización del sistema de partidos se relaciona fuertemente con la centralización, y esta relación está mediada por la centralización de los partidos.
No obstante, ¿qué significa esto realmente? Esta es la pregunta eterna para los científicos sociales cuantitativos que aman (amamos) marear al lector con gráficas y números ilegibles.[11] Estos resultados implican que, en los sistemas federales, controlando por otros factores,[12] un sistema de partidos nacionalizado creará incentivos suficientes para que la política pública tienda a centralizarse.
Figura 1: Relación entre la nacionalización del sistema de partidos y la descentralización/centralización legislativa mediada por la centralización del partido

Lo mismo respecto de la centralización de los partidos. Ante procesos de toma de decisiones más centralizados al interior de los partidos, podemos esperar, más a menudo que no, que las facultades sobre el diseño de la política pública —la facultad de legislar— se concentrarán en la legislatura nacional dejando poco para las legislaturas regionales. En breve, ausentes las salvaguardas políticas del federalismo, es difícil esperar que las facultades no se aglutinen en el nivel federal. Lo positivo: para un federalismo saludable son necesarias algunas salvaguardas, y los partidos y estructuras políticas regionales destacan entre ellas por su capacidad de prevenir o ralentizar la centralización.[13]
Estudiante doctoral en el Departamento de Ciencia Política en Rice University, Houston, Texas
[1] Mendoza Gómez, J., “Party system nationalization, party centralization and legislative de/centralization in federal democracies”. Party Politics, 2025, pp. 1–22.
[2] Usamos región por simplicidad y economía conceptual para referir a las unidades subnacionales, a saber
Estados, Länder, Cantones, Provincias y otras denominaciones
[3] Fenna, A., & Schnabel, J., “What is Federalism? Some Definitional Clarification”, Publius: The Journal of Federalism, 54 (2), 2024, pp. 179–200; Fenna, A., & Schnabel, J., “Defining Federalism: A Rejoinder to Hueglin and Mueller”, Publius: The Journal of Federalism, 2025; Hueglin, T., & Mueller, S., “A Reply to Fenna and Schnabel’s ‘What is Federalism?’”, Publius: The Journal of Federalism, 2025
[4] Olmeda, J. C., ¿La unión hace la fuerza?: La política de la acción colectiva de los gobernadores en Argentina, Brasil y México, El Colegio de México, 2021
[5] Dardanelli, P., Kincaid, J., Fenna, A., Kaiser, A., Lecours, A., & Singh, A. K., “Conceptualizing, Measuring, and Theorizing Dynamic De/Centralization in Federations”. Publius: The Journal of Federalism, 49 (1), 2019, pp. 1–29; Dardanelli, P., Kincaid, J., Fenna, A., Kaiser, A., Lecours, A., Singh, A. K., Mueller, S., & Vogel, S., “Dynamic De/Centralization in Federations: Comparative Conclusions”, Publius: The Journal of Federalism, 49 (1), 2019, pp. 194–219
[6] Adeney, K., & Boni, F., “Federalism and regime change: De/centralization in Pakistan – 1956–2020”, Regional & Federal Studies, 2022; Moscovich, L., & Lacroix Eussler, S., “De/centralization in Argentina, 1862–2020”, Regional & Federal Studies, 0 (0), 2023, pp. 1–29; Olmeda, J. C., “De/centralization in Mexico, 1824–2020”, Regional & Federal Studies, 0 (0), 2023, pp. 1–28; Schlegel, R., “Dynamic De/centralization in Brazil, 1889–2020: The prevalence of punctuated centralization”. Regional & Federal Studies, 2022, pp. 1–33; Suberu, R., “De/Centralization in Nigeria, 1954–2020”, Regional & Federal Studies, 2022,
[7] Riker, W., Federalism: Origin, Operation, Significance. Little Brown, 1964
[8] Joy Langston es definitivamente la referente en lo que compete al estudio del PRI y los incentivos que
este creaba para sus diputados durante las épocas del Partido Hegemónico en México.
[9] Clerici, P. A., “Legislative Territorialization: The Impact of a Decentralized Party System on Individual Legislative Behavior in Argentina”, Publius: The Journal of Federalism, 51 (1), 2020, pp. 104–130.
[10] Mark P. Jones ofrece uno de los referentes más interesantes en este respecto en su Party Government in Presidential Democracies: Extending Cartel Theory beyond the U.S. Congress de 2005, así como otros trabajos con Sebastian Saiegh, Pablo Spiller y Mariano Tommasi Jones de 2002 y Scott Mainwaring de 2003
[11] O como los refiere Javier Aparicio en X (antes Twitter), «numeritos neoliberales».
[12] Cuando se consideran federaciones de considerable riqueza étnica como los Estados Unidos, Nigeria, España o Suiza, uno de los predictores más relevantes es precisamente la diversidad etnolingüística. Federaciones con mayor riqueza etnolingüística tenderán a estar más descentralizadas, quizá como mecanismo disuasorio del conflicto Ver: Brancati, D., “Decentralization: Fueling the Fire or Dampening the Flames of Ethnic Conflict and Secessionism?”, International Organization, 60 (3), 2006, pp. 651–685.
[13] Nugent, J. D., Safeguardingfederalism: How states protect their interests in national policymaking, University of Oklahoma Press, 2009