La renovación de la élite política mexiquense de cara a 2023

La renovación de las élites políticas a nivel subnacional pasa por un momento interesante, que debido a lo vertiginoso de los últimos procesos electorales ha quedado en segundo término para el análisis político. En 2022, Oaxaca, Quintana Roo y Tamaulipas vivieron nuevamente alternancias por el triunfo de Morena en sus gubernaturas, mientras que Hidalgo vivió este proceso por primera vez en 93 años. Con este panorama, las elecciones para elegir gobernador en Coahuila y Estado de México el próximo año son, en parte, el laboratorio de la elección presidencial de 2024, pero también pueden convertirse en la última fase de la desaparición del PRI como partido mayoritario y en el fin de su hegemonía ininterrumpida en estas entidades federativas; las únicas sin registro de una alternancia en la gubernatura en todo el país.

Ilustración: Belén García Monroy
Ilustración: Belén García Monroy

La clase política tradicional del Estado de México ha sido de un priismo fuerte y esta identidad la ha distinguido durante ocho décadas desde el recordado mandato de Isidro Fabela,1 gobernador entre 1942 y 1945 por designación presidencial de Ávila Camacho. Valores como la unidad, la disciplina, el orden y la funcionalidad, aunque también la corrupción, han sido asociados con quienes han transitado del partido al gobierno estatal y viceversa. Dicha clase política respaldó unánimemente a Alfredo del Mazo en 2017, en la elección más competida de la que se tenga registro en la entidad. Según datos del Instituto Electoral del Estado de México, del Mazo obtuvo poco más de dos millones de votos por un 1 871 000 votos de la profesora Delfina Gómez Álvarez, candidata de Morena; el tercero en discordia fue Juan Zepeda, exalcalde de Nezahualcóyotl, que postulado por el PRD consiguió la nada despreciable suma de 1 084 000 votos. Con todo, el triunfo del PRI tanto en el Edomex como en Coahuila, en 2017, evidenció la debilidad del priismo a nivel local en comparación con las victorias avasallantes del pasado.2

Las trayectorias son conocidas. Al año siguiente, Delfina Gómez se convirtió en senadora de la República, en una elección en la que Morena arrasó en el Edomex y la profesora obtuvo 3 842 000 votos, el 47.9 % de la votación, encabezando la fórmula al Senado. En esta contienda inédita y con el peso de López Obrador en la boleta, el PRI ni siquiera pudo lograr el escaño de primera minoría en la fórmula encabezada por el exgobernador César Camacho. Esta vez este escaño correspondió a Zepeda, abanderado de la coalición PAN-PRD-Movimiento Ciudadano. Hoy senador por MC, es previsible que Zepeda vuelva a ser un “caballo negro” de la contienda en el Edomex. Haya o no alianza opositora en el Estado de México, la contienda previsible pone a Delfina Gómez, exsecretaria de Educación Pública, en un escenario favorable, pese a las críticas por su magro desempeño a su paso por el despacho de Vasconcelos y a las denuncias por el diezmo cobrado ilegalmente a empleados a su cargo cuando fue alcaldesa de Texcoco entre 2013 y 2015, justo en los años de formación de Morena como partido político.

La probable alternancia del Estado de México representaría un proceso inédito de desplazamiento de la élite política local y, por tanto, significaría la mayor derrota del partido histórico en el plano subnacional. Este escenario plantea perder un bastión que le permitió reconquistar la Presidencia de la República en 2012, de la mano de un exgobernador, Enrique Peña Nieto, cuyo primo, Alfredo del Mazo, aún lo gobierna; el tercer gobernador mexiquense con ese nombre, habiendo sido su papá y su abuelo Ejecutivos estatales también.3 En total, esta dinastía se cuenta entre las de mayor longevidad, sumando al término del actual gobernador 17 años en el poder en diferentes lapsos. El cacicazgo es una categoría que tiende al desuso por la normalidad del juego democrático, pero conviene no olvidar que las dinastías persisten más allá del término de los periodos gubernamentales en algunos estados.

A menudo considerado como factor determinante en las elecciones del Estado de México, el grupo conformado por políticos originarios del municipio de Atlacomulco4 ha servido más como elemento mitológico del debate coyuntural que como explicación de cursos de acción específicos. Conviene anotar que junto a los del Mazo y a su fundador intelectual, Fabela, fueron gobernadores con raíces en ese municipio: Salvador Sánchez Colín, 1951-1957, Arturo Montiel, 1999-2005, y su joven sucesor Peña Nieto, 2005-2011, estos dos últimos aspirantes presidenciales. El primero fue derrotado en una polémica campaña interna del PRI en 2006 y el segundo logró la presidencia en 2012. También han sido mencionados como miembros los exgobernadores Emilio Chuayffet, 1993-1995, y César Camacho, 1995-1999.

Más allá de la influencia que estos liderazgos han mantenido para articular redes de poder local, lo interesante es la vigencia del grupo, tal que en el imaginario colectivo se señalaba su relevancia aun setenta años después de su fundación, al menos en las definiciones del PRI frente a la elección presidencial de 2012. Una especie de familia posrevolucionaria trascendente, que sólo rivaliza en términos de influencia con el otro gran liderazgo mexiquense de las últimas décadas —éste originario de Santiago Tianguistenco, aunque a menudo vinculado con la idea del Grupo Atlacomulco—: el profesor Carlos Hank González, gobernador entre 1969 y 1975, y precursor de su propia dinastía política-empresarial.

De cara al 4 de junio de 2023, los partidos políticos han definido a sus aspirantes con bastante antelación y sin una contienda interna de por medio. En agosto pasado, Marko Cortés, presidente nacional del PAN, anunció al diputado local Enrique Vargas como su abanderado, adelantándose a los tiempos de una posible coalición similar a Va por México. Mientras que, hace unos días, el PRI abanderó a Alejandra del Moral, exsecretaria de Desarrollo Social del gobierno de del Mazo y la primera mujer que será abanderada del PRI en la entidad, luego de un método de selección basado en la concertación de los exgobernadores vivos del Edomex, como lo han señalado distintas versiones periodísticas.5

En el pasado, “un gobernador que resolvía problemas y mantenía su estado en paz era confiable y respetado por la Federación”6 era el requisito de una mayor autonomía para “defender proyectos, conseguir financiamiento y, sobre todo, evitar que el gobierno federal interviniera sin consultar o negociar”.7 Entre compañeros del mismo partido existía un acuerdo tácito por medio del cual el gobernador era, al mismo tiempo que jefe político del estado, un intermediario con la Federación, como señala Rogelio Hernández. Sin embargo, hoy no está claro cuál es la relación que el presidente López Obrador propone con los mandatarios estatales, a quienes a menudo sólo acompaña en actos que derivan de la implementación de los programas federales. Los planteamientos de los estados, bajo la 4T, se desdibujan, sean estos colectivos o particulares, con Ejecutivos dóciles ante el presidente.

Con este telón de fondo, la ruptura de la continuidad de la élite priista mexiquense puede traer consigo varios efectos problemáticos. En primer lugar, un escenario de costoso aprendizaje para quienes se incorporen al gobierno del Edomex con una experiencia basada únicamente en tareas partidistas. Esto supondría un desperdicio de tiempo y coordinación, palabra clave en el estado más poblado del país, con casi 17 millones de habitantes distribuidos en 125 municipios, algunos de los cuales forman parte de la zona metropolitana de la Ciudad de México y tienen gran densidad poblacional: Ecatepec, Nezahualcóyotl, Tlalnepantla, Naucalpan y Cuautitlán.

En segundo lugar, la renovación implicaría un reacomodo de los grupos tradicionales, que ahora negociarían con funcionarios locales emanados del mismo partido en el poder a nivel federal, lo que en teoría simplificaría el curso de las demandas, pero al mismo tiempo puede representar una doble negativa en la negociación con alcaldes, representantes populares y grupos de interés, lo que pondría en riesgo la gobernabilidad del estado. Es decir, no habría una gobernante que funja como intermediaria desde el palacio de gobierno de Toluca. En tercer lugar, y quizá lo más interesante, el fin de la hegemonía priista en el Edomex podría ser un experimento para emprender nuevos énfasis a la administración pública a partir de la renovación de sus gerentes. Sin embargo, esto implica experiencia en el territorio y un alto grado de cohesión del equipo de gobierno, condiciones difíciles de lograr en poco tiempo.

¿En qué temas o asuntos se involucraría una eventual gobernadora de Morena más allá del discurso presidencial de acabar con la corrupción, tan desgastado después de cuatro años de inconsistencias del proyecto de la cuarta transformación? La evidencia no apunta a que las primeras alternancias supongan cambios sustanciales en la administración pública, que además, en este momento, superen la lógica de la “austeridad republicana”. Si bien pueden impulsar cambios que den vitalidad en áreas de política pública ignoradas o desdeñadas por quienes dejan el poder, esto implica anteponer el conocimiento técnico y el mérito, en vez de premiar la improvisación a cambio lealtad. En todo caso, hoy en día no hay un programa definido para el futuro del Edomex en la agenda de los partidos, a casi seis meses del día de la elección más importante de su historia reciente.

 

Bruno Torres Carbajal
El autor es maestro en ciencia política por El Colegio de México y profesor asociado del Departamento de Política y Cultura en la UAM Xochimilco.


1 “El gobierno de Fabela es responsable de la creación de un grupo político cuya fama es mayor que su realidad, pero también (y quizá más importante) de sentar las bases de un desarrollo político y económico que modernizó rápidamente al Estado de México”. Hernández, R. Amistades, compromisos y lealtades: líderes y grupos políticos en el Estado de México, 1942-1993, El Colegio de México, México, 1998, p. 77.

2 “Ambas victorias se lograron a un alto costo: se alcanzaron teniendo que incurrir en irregularidades puestas en evidencia por los medios y no generaron la legitimidad esperada, pese a los grandes recursos invertidos y al desgaste de los institutos electorales locales. Al final, los resultados subrayaron más las debilidades que las fortalezas del PRI y la presidencia”. Lorenzo Meyer, “Recuperación que también fue final”, en Foro Internacional 240, abril-junio de 2020, p. 339.

3 Su abuelo fue Alfredo del Mazo Vélez, gobernador entre 1945 y 1951, después de Isidro Fabela, ambos oriundos del municipio de Atlacomulco; su padre Alfredo del Mazo González fue gobernador entre 1981 y 1985.

4 Municipio ubicado en el noroeste de la entidad, apenas a una hora y 66 kilómetros de distancia de la capital del estado, Toluca de Lerdo.

5 Zamarripa, R. “Chorizo con papas”, Reforma, 12 de septiembre de 2022.

6 Hernández, R. El centro dividido. La nueva autonomía de los gobernadores, El Colegio de México, México, 2008, p. 50

7 Ibid., 51.

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Publicado en: Perspectivas locales