Un gobierno sin aliados: Colima y la Federación

En la jornada electoral de 2018, el gobernador de Colima apostó por reforzar su buena relación con el centro a través de la candidatura de José Antonio Meade. El voto masivo por Morena no sólo frustró el apoyo nacional de Ignacio Peralta para terminar su sexenio. También lo dejó en una posición solitaria frente a una nueva mayoría en el Congreso local, y con apenas dos de diez gobiernos municipales como aliados. Este es el escenario de un estado que en 2021 tendrá elecciones y donde, hasta el momento, el PRI jamás ha perdido el Poder Ejecutivo.

Peralta fue el coordinador estatal de la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto; el coordinador nacional fue su excompañero de universidad Luis Videgaray. Antes de ser nombrado candidato, Peralta operó el programa nacional de infraestructura como subsecretario de comunicaciones. Con este antecedente, una de sus principales fortalezas para ser gobernador era la relación con el centro, por lo que poco importó despertar el recelo de influyentes actores locales que también disputaban la gubernatura.

Pero la elección de 2018 no sólo bloqueó el acceso al poder del grupo político nacional que cobijaba a Peralta Sánchez. También lo dejó con pocos aliados en su propio estado. A la disminución del poder posicional del PRI —ahora en minoría tanto en el Legislativo como en los gobiernos municipales— se sumó el descontento entre militantes de su partido que resentían su candidatura. Lo anterior derivó en la mudanza de algunos hacia la alianza encabezada por Morena y, entre los que permanecieron, poco entusiasmo en su apoyo al gobernador.

Ilustración: Estelí Meza

Desde que Andres Manuel López Obrador asumió la presidencia ha visitado la entidad en tres ocasiones. La última de ellas tuvo como escenario el puerto de Manzanillo, donde declaró que las aduanas pasarían a estar bajo el control de las Secretarías de Defensa y Marina. Minutos antes del anuncio del presidente, el gobernador Peralta resaltó la importancia de Manzanillo como un símbolo histórico de la lucha federalista, misma que ha abanderado junto a ocho mandatarios estatales en el bloque opositor denominado Alianza Federalista.

Parece que el poder del centro se cierne sobre Colima. No sólo mediante el brazo armado de la Guardia Nacional —aparentemente necesario en el estado con más reportes de homicidio por cada cien mil habitantes—, sino que, de acuerdo a cifras del presidente, casi 67 000 colimenses recibirán apoyos directos del gobierno federal durante este año, entre becas, pensiones, pagos del programa Sembrando Vida o créditos para pequeñas empresas. A esto se suman las transferencias de mantenimiento para que las familias administren gastos en 101 escuelas.1

Pero, en un Estado como el mexicano, las disputas por el poder territorial no son como en Pandillas de Nueva York, filme de Scorsese que retrata la marginalidad de la lucha entre pequeños grupos frente las fuerzas de una nación en ciernes. Nuestro federalismo se compone de complejas intermediaciones operadas por grupos políticos que transitan entre distintos partidos, cruzan espacios burocráticos, y así, contribuyen a la articulación de lo nacional y lo local —siempre con saldo favorable para alguna alineación de intereses.

Aunque el presidente insiste en que su gobierno prescinde de intermediarios, no hay otra forma en la que la Federación llegue hasta el territorio. Con la reestructuración de la administración pública, estas capacidades prácticamente dependen de la super delegación federal, encabezada por Indira Vizcaíno, quien fue alcaldesa por el PRD, secretaria de desarrollo social en el gobierno de Peralta, y diputada federal electa (que no asumió) por el PES en alianza con Morena y el PT.

Mucho se ha especulado sobre la estructura jerárquica de las delegaciones que reportan a la Coordinación General de Programas para el Desarrollo, dependencia directamente ligada a la presidencia. Pero los servidores de la nación, y los cuadros burocráticos que participan en la ejecución de las políticas en el territorio, no son enviados en conjunto por el centro. En una entidad con bajos niveles de asociatividad2 y fuerzas políticas fragmentadas, las alianzas con actores locales son imprescindibles.

Durante su encargo, la delegada de Colima ha empujado la agenda del gobierno nacional, pero también necesita construir su propio aparato de poder. Para ello, ha hecho equipo con un grupo de militantes de Morena que, durante algún tiempo, logró dirigir la mayoría legislativa y aprobó iniciativas afines a una agenda para acotar el poder del Ejecutivo y otros grupos locales. Todo ello con los votos de un grupo de legisladores priistas adversos al gobernador.

La mayoría legislativa afín a Indira Vizcaíno fue desbaratada días antes de la visita del presidente. En medio de una disputa por la aprobación de un crédito financiero para el Ejecutivo, la alineación de intereses se recompuso hacia un bloque aparentemente más favorable para el gobernador. Pese a que el coordinador de la bancada de Morena anunció su rechazo al crédito, la propuesta del Ejecutivo fue aprobada en medio de la renuncia de dos legisladores a la fracción morenista. Aunque la mayoría en el Congreso sigue en manos de la alianza Juntos Haremos Historia, la Comisión de Gobierno Interno y Acuerdos Parlamentarios —desde donde se dirige la función legislativa— está ahora en manos de un diputado del PT.

La importancia de los actores que operan desde partidos pequeños, como el PT o el PVEM, tiene que ver con la fragmentación de los partidos en esta entidad federativa, fenómeno agudizado por la elección de 2018. Los cuadros con mayor influencia en estos dos partidos tienen una gran flexibilidad y pragmatismo; no es insensato pensar que una eventual alianza con Morena, pactada desde lo nacional, pueda beneficiar al gobernador con una conclusión tersa de su mandato.

Los aliados del Ejecutivo colimense no sólo están al interior del estado. La defensa del federalismo, la lucha por un nuevo pacto fiscal y la actitud de independencia crítica frente al presidente se derivan de su afiliación a un proyecto de ocho gobernadores que, reeditando la estrategia de la que nació la Conago, han desplegado una campaña de contrapeso a las decisiones del gobierno federal, blandiendo banderas como el federalismo o la protección del medio ambiente.

La alineación de “los gobernadores rebeldes” puede servir como plataforma de proyección a personajes como el mandatario de Jalisco, quien acumuló poder a través de una colonización paulatina de espacios de la política local. Pero para Ignacio Peralta, el bloque de los insumisos parece ser más una forma de obtener cobijo, pues enfrenta su último año de gobierno con una imagen desgastada: es el segundo mandatario peor evaluado en el ranking de Mitofsky.

El gobernador de Colima enfrenta el último tramo de su gobierno sin mucha fuerza para asegurar la continuidad de su partido en el Poder Ejecutivo; le toca gestionar el final de su mandato frente a una fuerza nacional con la que no tiene simpatías, con problemas de presupuesto y en un entorno local de fuerzas políticas fraccionadas y actores poco leales a sus siglas partidistas. El terreno de disputa parece configurarse en torno a la recomposición de las élites, y la lucha será, predominantemente, a través de las estructuras burocráticas.

 

Héctor Manuel Gutiérrez Magaña
Estudiante del doctorado en investigación en ciencias sociales de Flacso México.


1 17.07.20 Versión Estenográfica De La Conferencia De Prensa Matutina Del Presidente Andrés Manuel López Obrador, Desde Manzanillo, Colima.

2 De acuerdo con la encuesta Eepemex, en Colima habría cuatro organizaciones activas en los asuntos públicos frente a una media nacional de veintiséis. En Loza, N. y Méndez, I. (2014) Encuesta a expertos en política estatal en México, 2001-2012. México: FLACSO, PNUD y Conacyt.

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Publicado en: Perspectivas locales