En un sistema de partidos desalineado, el nuevo partido gobernante, con control del Ejecutivo y las cámaras legislativas federales y de 22 gubernaturas, además de múltiples posiciones municipales y legislativas locales, creció de manera desigual: su crecimiento explosivo en tres estados no fue suficiente en dos de ellos para alcanzar las gubernaturas; su decrecimiento relativo en dos entidades, no fue obstáculo para ganar las gubernaturas.