Jalisco, ¿naranja sanguina?

La naranja sanguina es un cítrico poco común que es anaranjado por fuera y guinda escarlata por dentro, como todo indica que Jalisco se teñirá en estas elecciones. A escasas dos semanas de la jornada electoral, el bastión de Movimiento Ciudadano podría dejar de serlo. Morena y sus aliados podrían conquistar importantes posiciones, disputándole así al partido naranja su hegemonía en el estado. Como si fuera una naranja, Jalisco podría partirse en dos mitades, cambiando de color a guinda, como también se le conoce a la naranja de sangre.

Ilustración: Estelí Meza

Para entender la contienda entre Movimiento Ciudadano y Morena en Jalisco hay que remontarse al primer gobierno estatal del PAN en 1995. Jalisco fue el tercer estado en donde se produjo una alternancia en el poder local después de Baja California y Guanajuato. Desde entonces y hasta 2018, prevaleció un bipartidismo PRI-PAN que cogobernó el estado por casi un cuarto de siglo. Aunque el PAN gobernó tres sexenios y el PRI sólo uno, ambos partidos cohabitaron en relativa estabilidad, compartiendo espacios de poder en el Congreso local y en los ayuntamientos.

En 2009, Movimiento Ciudadano irrumpió en Tlajomulco, un municipio periférico de la metrópoli, y en 2015 arrasó en Guadalajara, la capital del estado. Aunque fue hasta 2018 cuando el partido naranja ganó la gubernatura, en realidad fue desde 2015 cuando se fracturó el arreglo político tradicional, emergiendo así una nueva correlación de fuerzas políticas en el estado entre Movimiento Ciudadano y Morena —este último partido, aún sin triunfos significativos, pero con una presencia creciente en el Legislativo.

Tras su derrota en 2012, el PAN se desdibujó rápidamente, aliándose con Movimiento Ciudadano por razones más pragmáticas que ideológicas. Por su parte, tras su derrota en 2018, el PRI también se desfondó, migrando hacia diversos partidos, particularmente a Morena. De suerte que los otrora partidos hegemónicos se diluyeron en las nuevas formaciones políticas que ocuparon pronto sus espacios de poder, desplazándolos a espacios marginales.

Lo que queda del PRI y del PAN son los vestigios de dos viejos rivales que, frente a la imposición del centro y a la necesidad de supervivencia, no tuvieron más remedio que aliarse. Una frágil coalición electoral que después de la elección, una vez en el Congreso local, se diluirá en dos bancadas, como en tiempos pasados. Cada uno de estos grupos parlamentarios venderá caro sus escasos votos en el Legislativo, pero terminarán jugando cada uno por su lado: el PAN con Movimiento Ciudadano y el PRI con Morena.

Desde su aparición, Movimiento Ciudadano fue conquistando espacios hasta ganar en 2018 la gubernatura, la mayoría en el Congreso local y los ayuntamientos de la zona metropolitana de Guadalajara. Sin embargo, el desgaste de gobierno y la marea guinda pronto le abrieron espacios a Morena, que desde 2021 se convirtió en la primera fuerza de oposición, superando al PRI y al PAN. Jalisco pasó de ser uno de los estados más antiobradoristas a convertirse en una entidad donde el presidente tiene una aprobación muy superior a la del gobernador. Esta acelerada reconfiguración política explica el nuevo bipartidismo MC-Morena en Jalisco.

El triunfo de Movimiento Ciudadano en 2018 no se puede entender sin la alianza con el PAN, que en esta elección va aliado con el PRI. De ahí que, en ciertas elecciones, como la del Senado de la República, sea prácticamente imposible que Movimiento Ciudadano pueda ganar de nuevo sin los votos del PAN. Por su parte, Morena no va sólo con sus aliados incondicionales, el Partido del Trabajo y el Partido Verde, sino con dos partidos locales más: Hagamos y Futuro. Esta coalición amplia aumentó significativamente sus probabilidades de triunfo en distintas elecciones, como la ya mencionada del Senado, pero también en Guadalajara, donde hay un empate técnico en las encuestas.

El conflicto interno de Movimiento Ciudadano —entre Dante Delgado, el dirigente nacional del partido, y Enrique Alfaro, el gobernador del estado— le pasó factura al partido en Jalisco. Tras no lograr la nominación de su partido como candidato a la Presidencia en el verano de 2023, el gobernador Alfaro se inclinó por que Movimiento Ciudadano se uniera a la alianza opositora, aunque antes había defendido la posición de no ir en alianza. De hecho, el senador Clemente Castañeda anunció que su partido consideraba apoyar a la candidata opositora Xóchitl Gálvez, aunque pronto la dirigencia nacional descartó esa posibilidad, evidenciando aún más el conflicto entre el llamado grupo Jalisco y la coordinadora nacional del partido.

La historia de los forcejeos y tropiezos para designar al candidato de Movimiento Ciudadano a la Presidencia es por demás conocida, pero mientras eso sucedía en el plano nacional, en Jalisco resurgió la idea del voto cruzado. Molesto por el retraso y la imposición del candidato presidencial, el gobernador Alfaro se deslindó en varias ocasiones de las decisiones de su dirigencia nacional, al borde de la ruptura. Este conflicto tuvo repercusiones locales, ahondando las diferencias entre el gobernador y el candidato a la gubernatura, Pablo Lemus, aliado de Dante Delgado. De hecho, en la contienda interna de Movimiento Ciudadano por la nominación a la candidatura a la gubernatura, el favorito del alfarismo no era el alcalde Lemus, sino el senador Castañeda. Aunque la nomenclatura naranja apoyaba al senador, las encuestas favorecían a Lemus, quien finalmente fue designado candidato, no sin fuertes resistencias.

A pesar de haber logrado resolver la nominación del partido a la gubernatura, las diferencias entre el gobernador Alfaro y el dirigente nacional permanecieron. Para el momento en que finalmente se designó a Jorge Álvarez Máynez como candidato presidencial, el voto cruzado por Xóchitl Gálvez no era una simple idea, sino una estrategia electoral en marcha. Desde luego que no se trató de una iniciativa que proviniera de la ciudadanía, ni siquiera de la militancia, sino una operación política promovida desde Casa Jalisco. Durante el primer tramo de la campaña, el partido le hizo vacío a su candidato presidencial en sus visitas a Jalisco, al punto de que no se mencionaba el nombre de Álvarez Máynez.

Súbitamente todo cambió. En un viraje total de estrategia, en cuestión de días se produjo un realineamiento de todo Movimiento Ciudadano en torno a su candidato Jorge Álvarez Máynez, quien intensificó su campaña en Jalisco, ya con el acompañamiento de todos los candidatos locales. Por primera vez se llamó al voto unificado, todo naranja. La idea del voto cruzado quedó plasmada en algunos espectaculares que han empezado a retirar, aunque aún permanece en el imaginario colectivo de muchos electores que consideran que el voto útil es por Xóchitl Gálvez. Sin embargo, en una sorpresiva encuesta publicada por el periódico Mural de Guadalajara, aparecieron Xóchitl Gálvez y Jorge Álvarez Máynez en empate técnico en Jalisco, lo que terminó de echar por tierra la idea del voto cruzado.

Del otro lado, el vertiginoso ascenso de Morena en las encuestas desató una serie de conflictos internos entre liderazgos y corrientes que casi desembocan en la ingobernabilidad del partido. Se sucedieron distintos dirigentes estatales sin que pudiera cohesionarse la segunda fuerza del estado. Paradójicamente, la expectativa de triunfo fue su principal obstáculo para lograr un proceso interno ordenado. El reparto de las candidaturas de cara a la elección de 2024 se tornó en un proceso tan complejo que la dirigencia nacional de ese partido tuvo que posponer hasta el límite el anuncio. Las inconformidades por la imposición de candidaturas y el retraso en el arranque de las campañas siguen pesando en los equipos de campaña.

La designación de la candidata de Morena a la gubernatura fue particularmente compleja, pues en la encuesta interna del partido obtuvo el tercer sitio. Arriba de ella estuvieron el candidato al senado, Carlos Lomelí, y el candidato a la alcaldía de Guadalajara, José María Martínez. Con el argumento de género, se designó a una mujer, que además provenía del Partido Verde, no de las filas de Morena. En el acomodo de candidaturas, casi todos los liderazgos lograron alguna nominación, a pesar de lo complejo que es gobernar una coalición tan amplia como la de Sigamos Haciendo Historia en Jalisco con cinco partidos políticos. A la candidata de Morena le ayuda más ser tocaya de la candidata presidencial, Claudia Sheimbaun y la popularidad del presidente Andrés Manuel López Obrador que su propio movimiento, que no termina de cohesionarse en torno suyo.

Mientras que Movimiento Ciudadano apuesta por una elección con arraigo local, apelando al regionalismo jalisciense, Morena apuesta por una elección nacional, recurriendo a la ola de la Cuarta Transformación. Se trata de una elección donde no sólo está en juego el poder político, sino la identidad local. Sea cual sea el resultado en la disputa por la gubernatura, la naranja de Movimiento Ciudadano se partirá en Jalisco, se desgajará en el Congreso y una mitad se teñirá de guinda, como la naranja sanguina.

 

David Gómez-Álvarez
Académico de la Universidad de Guadalajara y director de Transversal think tank

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Publicado en: Perspectivas locales