La contienda por la gubernatura de Guanajuato se decanta hacia la incertidumbre. La apuesta por un cambio en el partido que gobierna el estado desde hace ya casi 33 años (Carlos Medina Plascencia tomó el mando de Guanajuato el 26 de septiembre de 1991, siendo la primera vez que el Partido Acción Nacional gobernó el estado), genera presión por la alternancia o incluso por un Congreso local dividido entre la denominada “transformación”, el “nuevo comienzo”, como reza el lema de campaña del oficialismo local, o el “cambio y fuera” de Movimiento Ciudadano, para que no gobiernen “los mismo de siempre”.

Guanajuato es considerado un bastión del panismo, pero el desempeño y el desgaste del gobierno actual, encabezado por Diego Sinhue, hace suponer que podrán pagarse costos en la próxima elección. Sin embargo, también pesarán prácticas construidas desde la burocracia y las decisiones de la nominación blanquiazul. La candidatura a la gubernatura del estado tradicionalmente se construye desde el gobierno estatal, en la burocracia, no desde el partido, y en particular desde la Secretaría de Desarrollo Social y Humano. Los candidatos panistas y exgobernadores ocuparon dicha secretaría en el gobierno estatal, y aprovecharon esta posición para proyectarse como candidatos a la gubernatura. La actual candidata, Libia Denisse García Muñoz Ledo, ocupó la Secretaría de Gobierno y, antes de la nominación, fue nombrada Secretaria de Desarrollo Social y Humano, donde se consolidó como la favorita para ser la abanderada de la Coalición Fuerza y Corazón por México.
A pesar de ello, tuvo un comienzo difícil en la carrera por la candidatura. Hubo quien, desde el seno del panismo local, se atrevió a soñar con la candidatura a la gubernatura desde el municipio urbano con mayor crecimiento poblacional en los últimos años. La presidenta municipal de León, Alejandra Gutiérrez, avizoraba una competencia interna. La presencia de una posible candidata panista con un grado aceptable de aprobación y con una imagen muy constante en medios provocó una primera tensión sobre quién obtendría la candidatura. Un primer aviso de fractura interna podía generar condiciones para una elección cerrada con la ola guinda a nivel nacional, considerando que se trata de una elección concurrente. La disputa interna comenzaba a sentirse, pero los blanquiazules lograron ponerse de acuerdo y respetaron la asignación de la candidatura desde el gobierno estatal y no desde la presidencia municipal de León. Así es como el panismo, en alianza, se presenta a la contienda.
En contraparte, en Morena, hubo un proceso cuestionado. Pesó la presencia de Ricardo Scheffield, un expanista, extitular de la Procuraduría Federal del Consumidor, quien ha consolidado un grupo que busca la gubernatura. La decisión de asignar por criterios de género la candidatura a otra expanista, Alma Alcaraz, legisladora por Morena, provocó una crisis y un realineamiento de las fuerzas en el interior de ese partido. Una candidata rodeada por un equipo que no es el suyo —construido por Sheffield en torno a sí mismo—, pero que la ha cobijado frente a la disputa del control de las posiciones (diputaciones, candidaturas a presidencias municipales y cargos asociados) por otros grupos, entre ellos los vinculados a Marcelo Ebrard, cuyos representantes en el estado han logrado posiciones en las candidaturas por mayoría y en las listas de representación proporcional. Los cercanos a Malú Micher, senadora por Morena, y su esposo, el académico David Martínez Mendizabal, coordinador del grupo parlamentario de Morena en el Congreso local, han cosechado posiciones, aunque no hayan podido concretar la candidatura de Barbará Botello, quien se posicionaba como la carta fuerte a la presidencia municipal de León. En ese sentido, las diferencias con la candidata presidencial Claudia Sheinbaum fueron documentadas por medios, cuando ésta desconoció al perfil ya anunciado.
En lo que compete al discurso de la candidata morenista, Alma Alcaráz, su desempeño como diputada local y su posición muy crítica sobre la seguridad en el estado le brindaron una plataforma relevante, ya que Guanajuato es uno de los estados más violentos del país y con tasas de pobreza y desigualdad importantes, que contrastan con el discurso oficial de que el estado va muy bien. La suma del Partido del Trabajo y del Partido Verde (que no niega su estrecha relación con el panismo) brindó en el arranque de la contienda la ilusión de una elección competitiva.
Después vinieron los intercambios. La candidata de Morena no participó en el debate organizado por la Coparmex, un foro muy importante para en el empresariado local. Alcaraz decidió no asistir por considerar que no había condiciones de equidad. Su decisión le restó empuje a su campaña. Aunado a ello, las decisiones de Morena en las principales ciudades como León y Guanajuato capital afectan la imagen de la 4T. En varios municipios, incluida la capital del estado, no se respetaron las reglas establecidas para la elección de candidatos y con ello se ocasionó otra fisura. Una parte de la militancia morenista se separó y decidió apoyar a la candidata del PAN, mientras que la candidata que encabezaba las encuestas quedó registrada únicamente como candidata del PT, disminuyendo con ello sus posibilidades. En suma, la injerencia de la Comisión Nacional de Elecciones y las “tómbolas” para la asignación de candidaturas centralizaron las decisiones y desconocieron los intereses de la militancia local.
El caso de Movimiento Ciudadano es interesante. La diputada Yulma Rocha, con una trayectoria política de origen priista, se convirtió en un activo joven para el partido naranja, en un estado en el que no hay una presencia relevante ni mucho menos significativa de MC.
Es una elección importante. Generaciones de guanajuatenses no conocen la alternancia, han crecido bajo el mando de gobiernos estatales blanquiazules, con escasas excepciones en gobiernos municipales: León, con una ya lejana alternancia con el PRI y Barbara Botello, la alternancia en San Miguel de Allende, entre el PAN y el PRI, así como en Guanajuato capital; la presencia de otros partidos, como el Partido Verde en municipios pequeños, o recientemente Morena gobernando municipios vecinos como Silao. El escenario en el Congreso local es interesante: aunque hay representación minoritaria del PRI, PVEM, Morena y Movimiento Ciudadano, Morena ganó sólo un distrito de mayoría relativa. La mayoría legislativa panista ha sido una máquina que se permite no escuchar a la oposición.
En cuanto a la contienda,las candidatas le siguen hablando al círculo rojo y no al ciudadano. Denuncian negocios que los ciudadanos desconocen; se acusan de asociaciones peligrosas con personajes políticos y funcionarios que no gozan de buena reputación. Se cuestionan el lugar de nacimiento, se apela a la tradición y a una pertenencia de familia local, no a una agenda de políticas o de ajustes en la administración pública. Se acusan de transacciones indebidas y de buscar comprar votos.
Con todo, hay una novedad: la política se pone a debate con rostro de mujer. Guanajuato tendrá gobernadora, sí o sí. Con su participación, el electorado, que construye la democracia día a día, habrá de escoger entre la continuidad del nuevo comienzo, como reza el eslogan panista y de la alianza, la transformación abrazada por Morena o el cambio y fuera que ofrece Movimiento Ciudadano.
Rosa María Pérez Vargas
Directora del Departamento de Gestión Pública de la División de Derecho, Política y Gobierno (DDPG) del Campus Guanajuato de la Universidad de Guanajuato (UG).