Elecciones en Puebla: entre la inestabilidad política y la violencia electoral

Este 2 de junio, México encarará las elecciones más grandes en su historia, y Puebla tendrá las elecciones locales más grandes a nivel nacional en cuanto a cargos de elección popular se refiere. Si bien Puebla tiene el quinto mayor listado de electores con 4 881 912 ciudadanos, y Oaxaca es la entidad federativa con más municipios del país con 570, los poblanos, con sus 217 municipios, renovarán casi 2300 cargos públicos entre presidente, gobernador, senadores, diputados, alcaldes, regidores y sindicaturas, frente a 1437 de los oaxaqueños, quienes, debido a los municipios regidos por el sistema de usos y costumbres, elegirán menos cargos públicos.

Si no fuera poco organizar los mayores comicios locales, Puebla además debe resolver dos problemas medulares que aquejan al estado desde 2018: la inestabilidad política y la violencia electoral.

Ilustración: Estelí Meza

Alternancias y ausencias: el recuento de la inestabilidad política poblana

El 2 de junio se elegirá al noveno gobernador de Puebla en los últimos diez años. Sólo repasando cómo se dio este inusual fenómeno podremos entender el infortunado, convulso, competido y complejo arreglo político en esta entidad.

Rafael Moreno Valle Rosas fue gobernador de 2011 a 2017. Si bien tenía un destacado pasado priista, renunció a este instituto a inicios del sexenio de Mario Marín Torres, en un momento clave que supo capitalizar con la construcción de pactos y alianzas electorales desde su nuevo partido, Acción Nacional. Fue el primer gobernador emanado de la oposición, propuesto por su partido, pero con el respaldo de la Coalición Compromiso por Puebla (PAN, PRD, PANAL y Convergencia). Las alianzas políticas fueron uno de sus grandes rasgos como actor político, le permitieron crear toda una nueva corriente pluripartidista caracterizada por el pragmatismo y con un alcance que iba más allá de lo local —se le denominó morenovallismo. Este grupo de poder controló Puebla por al menos ocho años, lo que le permitió designar a su sucesor José Antonio Gali Fayad quien, sin ser panista, fue electo para gobernar Puebla de 2017 a 2018, un corto periodo que sirvió para la homologación de las elecciones locales con la presidencial. El verdadero interés de Moreno Valle, sin embargo, estaba puesto en una sucesión más larga, por lo que promovió la candidatura de su esposa, Martha Érika Alonso Hidalgo. En 2018, en las que han sido las elecciones más violentas y competidas en la historia reciente de Puebla, enfrentó al candidato de Morena, Luis Miguel Barbosa, un experredista que había presidido el Senado y que en algún momento fue aliado del propio Moreno Valle. Contra los pronósticos de muchas encuestas que auguraban su victoria, Barbosa fue vencido por cuatro puntos de diferencia, lo que, sumado a distintas denuncias (127) ante la autoridad electoral, favoreció la judicialización de la elección hasta que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) confirmó la victoria de Martha Érika.

En diciembre de 2018 un accidente de helicóptero cobró la vida del matrimonio Moreno Valle. El recién nombrado secretario general de Gobierno, el perredista Jesús Rodríguez Almeida, asumiría la gubernatura como encargado de despacho entre los últimos días de diciembre de 2018 y los primeros de enero de 2019. El Congreso del Estado nombró como gobernador interino al priista Guillermo Pacheco Pulido, en tanto se eligiera en las urnas a un nuevo gobernador que concluyera el periodo constitucional original (2018-2024). Fue así como Luis Miguel Barbosa Huerta volvió a la boleta y logró imponerse en las elecciones con el mayor abstencionismo registrado en la entidad. Lamentablemente, la salud de Barbosa continuó deteriorándose; murió tres años después de haber tomado posesión. Ana Lucía Hill Mayoral, quien ocupaba la Secretaría de Gobernación, quedó como encargada de despacho y fungió como gobernadora por sólo unos días. Finalmente, el morenista y entonces líder del Congreso local, Sergio Salomón Céspedes Peregrina, fue designado por el propio Legislativo estatal para concluir el periodo 2022-2024.

El recuento de la última década nos ayuda a entender la configuración política actual en Puebla. Veamos algunos ejemplos.

Reacomodos políticos

El morenovallismo, que llegó a ser el grupo político hegemónico, se desarticuló con la muerte de su líder. Algunos se quedaron en el PAN (pero sin el control del partido); otros colaboraron con el gobierno estatal actual, comenzando por el propio gobernador Céspedes, quien llegó a ser alcalde del municipio de Tepeaca con apoyo de este grupo. Unos más son operadores o incluso candidatos en Morena y otros partidos. Destacan los casos del actual candidato de Movimiento Ciudadano (MC) a la gubernatura, Fernando Morales Martínez, quien fue funcionario morenovallista y es hijo del exgobernador priista Melquiades Morales, y el del actual candidato morenista a la alcaldía de Puebla, José Chedraui Budib, un empresario que llegó a ser presidente del Comité municipal del PRI, y quien, por ser amigo íntimo de los Moreno Valle —el helicóptero en el que la pareja perdió la vida salió de su casa—, fue indirectamente su aliado. Sucede lo mismo con Antonio Gali López, hijo del exgobernador morenovallista Antonio Gali Fayad, quien hoy es candidato a diputado federal bajo las siglas del PVEM, pero cobijado por la alianza que encabeza Morena. Estos son sólo los principales casos, hay varios más.

Sin los Moreno Valle, el liderazgo del PAN pasó al actual candidato a gobernador, Eduardo Rivera Pérez, quien fue alcalde de Puebla durante la primera parte del sexenio de Rafael. La relación entre ambos personajes no fue buena. Rivera incluso fue perseguido político. Él y su grupo se vieron beneficiados con la desarticulación del morenovallismo. Afianzó el control del partido y contendió en dos ocasiones por la presidencia municipal de Puebla, ganándola por segunda ocasión en 2021. Si bien fue parte del morenovallismo, el hoy candidato panista a la alcaldía de Puebla, Mario Riestra Piña, ha sabido establecer acuerdos y arreglos políticos con Eduardo Rivera y las dirigencias partidistas para mantenerse vigente, primero como diputado federal y ahora como candidato a presidente municipal de la capital poblana.

En lo que a Morena se refiere, el escenario también ha sufrido modificaciones sustanciales. En contrasentido del control local que logró Barbosa durante su gobierno, se consolidaron dos liderazgos emergentes en el escenario nacional, ambos con el beneplácito del propio presidente López Obrador: Ignacio Mier Bañuelos como coordinador de los diputados federales de Morena y Alejandro Armenta Mier en la presidencia del Senado de la República. Estos actores, además del apellido Mier (son primos, pero no aliados), comparten el origen priista; ocuparon destacados cargos y una larga militancia de años. Si bien eran “viejos y conocidos” actores políticos, no tuvieron los reflectores durante el morenovallismo. Supieron aprovechar las nuevas coyunturas en Morena para erigir sus liderazgos frente al aparato estatal de Barbosa y su grupo, que tenían “sus propias fichas” para las elecciones de 2024. Sin Barbosa, Morena vivió un disputado proceso interno —un despliegue sin precedentes de estructuras y recursos— para elegir a su candidato. Resultó electo Alejandro Armenta, pese a que muchas de las encuestas apuntaban a que el triunfador sería Ignacio Mier. Gracias a la mediación de liderazgos nacionales del partido y de la propia candidata presidencial, Claudia Sheinbaum, no se produjo un rompimiento interno. Desde luego, también contribuyó la repartición de candidaturas a diputaciones y alcaldías entre los distintos grupos en disputa al interior de Morena.

Violencia electoral

La violencia electoral es una conducta agresiva que amenaza al régimen político democrático y tiene su manifestación directa en acciones que atentan contra los procesos electorales. Si bien parte de la violencia política, la ubicamos exclusivamente en un contexto electoral.

Los comicios de 2018 pusieron a Puebla en el epicentro de la violencia político electoral: fue la entidad donde más actos delictivos se registraron durante este periodo. De acuerdo al Informe de Violencia Política en México 2018 de la consultora Etellekt, entre el 8 de septiembre de 2017 y el 1 de julio del 2018, hubo 113 agresiones y 31 homicidios vinculados al proceso electoral; 15 de estos tuvieron como objetivo a precandidatos o candidatos. De acuerdo a distintas fuentes mediáticas, el 1 de julio puede resumirse de la siguiente manera: ataques con armas de fuego en distintos puntos del Estado (principalmente en la zona metropolitana de Puebla capital), robo de urnas, vandalismo en al menos setenta casillas, y el asesinato de cinco operadores electorales de distintos partidos.

Lamentablemente, la violencia no terminó con la elección. Se extendió al periodo de transición con el asesinato de cinco políticos y cuatro de sus familiares. Nuevamente Puebla fue la entidad más violenta en el país.

Esto implicó un enorme retroceso democrático, y el resultado fue inmediato: inhibición de la participación ciudadana. El 2 de junio de 2019 se realizaron las elecciones extraordinarias para gobernador tras la muerte de Martha Érika Alonso; el porcentaje de participación electoral fue de sólo 33 %, cuando en el mismo ejercicio, un año antes, había sido de 67 %.

Los comicios electorales de 2018 y 2019 tendrían que haber dejado importantes lecciones, desafortunadamente no se aprendieron.

A menos de un mes antes de las próximas elecciones, en Puebla ya se han registrado diecinueve agresiones contra candidatos, un ataque armado contra Mario Franco Barbosa, candidato del PRD a la alcaldía de Ajalpan, y el asesinato de Jaime González Pérez, candidato de Morena a la alcaldía del municipio de Acatzingo. Además, dos hechos relevantes han enrarecido el ambiente electoral. En primer lugar, Mario Riestra Piña —candidato a la presidencia municipal de la capital por la coalición PAN, PRI, PRD— presentó una denuncia ante la Fiscalía del estado por amenazas de muerte. Riestra relató que, en un recorrido por San Francisco Totimehuacán, un sujeto se le acercó y le dijo: “Tu cabeza vale 15 000 pesos”. En segundo lugar, el candidato Eduardo Rivera Pérez denunció el 4 de mayo que la seguridad del fraccionamiento donde vive había sido vulnerada por sujetos armados que tenían la intención de ingresar a su domicilio. Por un presunto error, los invasores entraron a una casa contigua, donde sometieron y golpearon a sus vecinas, quienes, en su declaración ante la Fiscalía, dijeron que los atacantes buscaban al exalcalde capitalino: “Dime a qué hora llega el presi que le vamos a volar la cabeza”. Dos sujetos de origen extranjero fueron detenidos y puestos a disposición de las autoridades. Tras este episodio, el gobierno estatal refiere que hasta la primera semana de mayo se han presentado 55 solicitudes de protección a candidatos, 22 ya disponen de estas medidas.

La violencia electoral es una herramienta empleada por el crimen organizado para incidir en la vida pública. Los asesinatos políticos ocurridos en los últimos diez años nos muestran cómo las organizaciones criminales, principalmente las que se dedican al robo de combustible o huachichol, buscan el control de territorios. En tanto, las acciones violentas en centros urbanos del estado, principalmente en la ciudad de Puebla, se han centrado en colonias con altos niveles de marginación.

La consultora Integralia y la agencia Laboratorio Electoral ya han advertido de un escenario de violencia electoral en este proceso, y ubican la elección de Puebla en un riesgo medio. Por su parte, la Secretaría de Gobernación estatal no contempla focos rojos de cara a las próximas elecciones. Lo cierto es que todo apunta a que estas valoraciones podrían agravarse el día de la elección.

Los sucesos de violencia electoral deben motivar a las autoridades, a los partidos, y a la sociedad civil poblana, a una acción urgente y coordinada que favorezca un clima de paz y tranquilidad en la entidad; que permita la participación libre, entusiasta y numerosa de los electores y del personal que colaborará de distintas maneras en los comicios del domingo 2 de junio.

 

Valente Tallabs
Director de la Facultad de Política y Gobierno de la UPAEP

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Publicado en: Perspectivas locales