El bastión de la izquierda mexicana en juego

“La falta de democracia, que ahora empieza a abrirse en la capital, constituye una de las causas principales de la problemática no resuelta que confrontan la ciudad y sus habitantes. Dar solución a esta situación exige una nueva forma de gobernar”.1 No es casualidad que Cuauhtémoc Cárdenas haya pronunciado estas palabras al tomar protesta como jefe de Gobierno en la Asamblea Legislativa del entonces Distrito Federal en 1997.

Ilustración: Patricio Betteo

Ese año se llevaron a cabo las primeras elecciones democráticas en la capital del país. La reforma constitucional de 1996 abrió paso a que los capitalinos pudieran elegir a sus representantes populares: a la Jefatura de Gobierno, a sus legisladores y a sus delegados.2 Este hecho histórico fue un parteaguas en la historia democrática de la capital, cuya configuración política estaba anclada en una reforma constitucional de 1928 que eliminaba las municipalidades y establecía que el gobierno del Distrito Federal estaría a cargo del presidente de la República. Es decir, era una organización política diferenciada del resto de las entidades. Dada su posición estratégica como asiento de los tres Poderes de la Unión, los mecanismos de elección de altos cargos públicos estaban vinculados a los Poderes Ejecutivo y Legislativo federales.

A partir de las elecciones de 1997, la izquierda mexicana, representada en ese momento por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) con liderazgos como el propio Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador como presidente del PRD, Porfirio Muñoz Ledo como líder de la bancada perredista, e Ifigenia Martínez como diputada, se apoderó de la capital del país. El PRD, además de ganar la Jefatura de Gobierno con el 48.11% de la votación, ganó 38 diputaciones locales de 66, dando paso a lo que sería el inicio de un largo periodo de gobiernos y políticas de izquierda en la CDMX.

Desde entonces, los partidos que han representado a la izquierda en México han ganado las elecciones para la Jefatura de Gobierno de la CDMX, mientras que la conformación de la Asamblea Legislativa ha sido un tanto más diversa. Por su parte, las delegaciones (alcaldías desde 2016) han tenido una marcada tendencia a la hegemonía de grupos de poder o partidos políticos asentados en cada demarcación debido a la estabilidad de las preferencias electorales.

La reforma política de 1996 estableció que las elecciones para los entonces jefes y jefas delegacionales comenzarían hasta el año 2000. A partir de esta fecha, se fueron creando lógicas políticas propias en cada demarcación de la CDMX, donde una de las características principales ha sido la formación de grupos y corrientes políticas que se han ido enquistando a lo largo de más de dos décadas en cada alcaldía, independientemente del partido político que gobierne en cada una de ellas.

Grupos como los transportistas (taxistas, trabajadores del metro, trabajadores del transporte concesionado, entre otros), los del comercio informal, las agrupaciones empresariales y los sindicatos locales han tenido una gran influencia en las alcaldías para mantener a los grupos políticos en el poder. Si se revisan los resultados de las elecciones para las demarcaciones territoriales desde el 2000, podemos observar un comportamiento estable en las preferencias hasta 2012, cuando la gran mayoría de las alcaldías eran gobernadas por el partido en el poder de la Jefatura de Gobierno (PRD). La gráfica siguiente lo refleja.

Es hasta las elecciones de 2015 cuando viene el primer punto de quiebre derivado de la escisión de los partidos de izquierda, con el surgimiento de Movimiento Regeneración Nacional (Morena). El partido en el gobierno de la CDMX no obtuvo la mayoría de las alcaldías. Por el contrario, las elecciones locales de 2018 estuvieron marcadas por el dominio del nuevo partido representante de la izquierda mexicana, donde la ahora candidata presidencial, Claudia Sheinbaum, ganó con el 47.08% de votos la Jefatura de Gobierno, se obtuvieron 37 de las 66 diputaciones locales y 11 de las 16 alcaldías.

No obstante, este dominio duró solo tres años, pues en 2021 llegó el segundo punto de quiebre, la CDMX se fragmentó en dos: Morena obtuvo sólo las siete alcaldías del oriente de la ciudad, perdiendo alcaldías estratégicas como la Cuauhtémoc, mientras que la oposición obtuvo las nueve restantes del lado poniente. Esto alertó al partido de izquierda, dado que el bastión histórico había quedado dividido. Esta división está marcada por una tendencia en la preferencia por los partidos de izquierda en las alcaldías con menores ingresos, mientras que las alcaldías de ingresos más altos prefirieron ser gobernadas por partidos de la oposición.

Una de las explicaciones que se dieron en su momento de la pérdida territorial de Morena, además de que la oposición pudo capitalizar el voto de las clases medias, fue la intervención de diversos personajes clave dentro del partido y con influencia en cada demarcación. Por ejemplo, el caso de la alcaldía Cuauhtémoc estuvo marcado por la derrota de Dolores Padierna y la supuesta operación de Ricardo Monreal a favor de Sandra Cuevas, candidata de la oposición cercana a su grupo operador, el cual ha gobernado la alcaldía desde que fue delegado y cuya hija es la actual candidata para gobernar la demarcación.

Es por ello que el bastión de la izquierda mexicana está en juego: hay un desgaste natural del partido que ha gobernado a esta ciudad en las alcaldías; aunado a ello, el crecimiento de la clase media pareciera girar la brújula hacia partidos de oposición, y las tensiones entre los grupos políticos al interior de los partidos han abierto espacios para que los partidos contrarios ganen terreno.

Por un lado, el reto para la izquierda en 2024 es que sus estructuras operen de manera coordinada, no sólo para recuperar las diputaciones locales y alcaldías perdidas, sino también para conservar el cargo de la Jefatura de Gobierno con Clara Brugada como candidata, cuya trayectoria política tiene sus bases en Iztapalapa. Asimismo, el apoyo que Claudia Sheinbaum y Morena le otorgue a las bases de los candidatos locales de la CDMX será crucial para fortalecer las estructuras políticas en cada alcaldía, concretar acuerdos con los grupos de poder de las demarcaciones, y reforzar la imagen del bloque de izquierda en la capital.

Por otro lado, la oposición con Santiago Taboada, exalcalde de Benito Juárez (alcaldía gobernada por el PAN desde el 2000), tiene el reto de ganar posiciones de poder en la capital que le permitan obtener una plataforma política sólida. En concreto, el reto es convencer a las alcaldías del oriente de la capital para ganar.

Para la izquierda capitalina, el desafío es retener su bastión histórico. Desde que comenzaron las elecciones democráticas en la CDMX, tres jefes de Gobierno han sido candidatos presidenciales y uno fue electo presidente.
Definitivamente, esta elección no es la misma que la de 2018. Hace seis años, el entonces candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, tuvo un efecto de arrastre en las candidaturas locales. Muchos candidatos ganaron por el llamado “efecto AMLO”. En esta elección las candidatas y los candidatos tienen que darse a conocer y convencer para ganar. No sólo está en juego el bastión de la izquierda mexicana, sino también la plataforma política de quien seguramente tendrá posibilidades de ser candidata o candidato a la Presidencia de la República en 2030.

 

Cristian Murguía García
Chilango y servidor público en el sector salud. Maestro en Administración y Políticas Públicas por el CIDE

Agradezco el apoyo y comentarios de Bruno Ituarte y de Francisco Aguilar.


1 Cardenas, Cuauhtémoc, “Bienestar, justicia y progreso para la ciudad de México, La Jornada, México, 1997. Recuperado el 09 de mayo de 2024

2 Becerra, Ricardo; Salazar, Pedro y Woldenberg , José, La Reforma electoral de 1996, FCE, México, 1997. p.217-219.

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Publicado en: Perspectivas locales