Con el 100 % de las casillas computadas, Jalisco pasará a la historia como la entidad federativa con mayor abstención en la primera revocación de mandato de la Presidencia de los Estados Unidos Mexicanos. Poco más del 90 % del electorado jalisciense optó por no participar en la votación que tenía como propósito determinar si el presidente Andrés Manuel López Obrador continuaría al frente del Ejecutivo federal o sería removido del cargo.
Es difícil construir una explicación única para entender la particularidad política jalisciense. A espera de un análisis más detallado de los datos, planteamos algunas de las posibles causas de una participación tan mermada que ha llamado la atención de la opinión pública nacional.

El mito del voto clientelar
Según el perfil del votante elaborado por Alejandro Moreno para El Financiero a partir de encuestas de salida, el 58 % de los electores que participaron en la revocación de mandato son beneficiarios de algún tipo de programa social del gobierno de López Obrador. No es ninguna sorpresa. Incluso escuchamos durante semanas que académicos, políticos y activistas calificaron el ejercicio como una “elección de Estado” por la evidente instrumentalización de recursos públicos.
Parece que en Jalisco los programas sociales del gobierno federal no fueron un incentivo suficiente para convocar a las urnas. Sin embargo, es interesante hacer una comparación con un ejercicio electoral reciente y resaltar que la votación de la revocación de mandato (555 899 electores) fue superior a la recibida en la consulta sobre el Pacto Fiscal Federal (388 816 votos) convocada por el gobernador Enrique Alfaro Ramírez a finales del año pasado, a pesar de que ésta se celebró durante cuatro fines de semana.
En aquel momento, como sucedió con la revocación de mandato de López Obrador, sectores académicos y organizaciones de la sociedad civil calificaron la consulta iniciada por Alfaro Ramírez como una simulación, por decir lo menos; una elección operada desde el Ejecutivo, a través de la coerción y movilización de empleados públicos y del uso de programas sociales para obligar a los jaliscienses a participar en la consulta estatal.
Podríamos afirmar, entonces, que en Jalisco el voto clientelar moviliza a una parte muy reducida del electorado (6 % en la consulta del Pacto Fiscal; 9 % en la revocación de mandato), especialmente si se trata de momentos políticos en donde no se juega ninguna posición de poder relevante, sino consultas que no terminan de convencer a un electorado cada vez más exigente y sofisticado como el jalisciense.
La operación de recursos públicos, ya sea del gobierno estatal o del gobierno federal, no condiciona los comicios como en otras entidades.
Cuenta más lo local que lo nacional
Jalisco se cuece aparte de la política nacional más que ninguna otra entidad federativa. Las fuerzas políticas locales tienen sus propias agendas y rara vez participan de la discusión nacional, dominada por la figura de López Obrador.
Ninguno de los partidos políticos locales con representación parlamentaria aparte de Morena (MC, PAN, PRI, PVEM, Hagamos, Futuro) se interesó por antagonizar o simpatizar con López Obrador y en colocar la revocación de mandato como prioridad en sus agendas. Si bien en algunos casos el silencio fue deliberado (MC, PAN) para hacer vacío a la consulta a través del denominado abstencionismo activo, en otros la ausencia pudo ser estratégica (PRI, PVEM) para mantener su línea de partidos atrapatodo. Lo cierto es que en Jalisco sólo Morena promovió la revocación.
Hasta poco antes de la revocación de mandato, la discusión pública en Jalisco estaba completamente volcada en la reciente aprobación de un paquete de leyes en favor de la comunidad LGBT+, que propició encontronazos entre los partidos y movilizó a sectores diversos de la sociedad jalisciense. La revocación nunca logró aterrizar como un tema relevante en la agenda local hasta el último momento.
Los partidos políticos no encontraron incentivos electorales para desgastarse en términos de recursos, movilización e imagen pública en un tema más bien irrelevante para la sociedad jalisciense. Ni siquiera Morena en Jalisco pareció haberse involucrado en serio.
Un territorio reticente al obradorismo
En 2015, la primera elección en la que Morena concurrió en Jalisco, no obtuvo alcaldías, diputaciones locales (MR y RP) ni federales (MR). Por supuesto, no alcanzó el umbral de votación necesario para conservar el registro y recibir financiamiento como partido político local, por lo que tuvo que existir como una franquicia de Morena nacional.
Si bien en 2018 el fenómeno electoral de López Obrador arrasó en todas las entidades del país con excepción de Guanajuato, Jalisco fue una de las pocas entidades en donde la diferencia entre López Obrador y Anaya Cortés fue menor a 10 puntos.
En 2021, Morena logró escalar hasta ser la segunda fuerza (20.8 %) en la elección al Congreso de Jalisco, aunque sólo consiguió tres diputaciones de mayoría relativa. La realidad es que el triunfo de Movimiento Ciudadano fue contundente, con 32.6 % de la votación y 16 diputaciones de mayoría relativa. En Jalisco, Morena logró capitalizar hace un año la popularidad de López Obrador pero no ha sido suficiente para convertirse en una fuerza competitiva en términos reales frente a Movimiento Ciudadano.
El resultado fue todavía más marcado en la elección para ayuntamientos. Movimiento Ciudadano ganó con 34.6 % de los votos (51 alcaldías) frente al 18.5 % de Morena, que le otorgó apenas 12 presidencias municipales. Incluso el PRI (25 alcaldías) y el PAN (18 alcaldías), fuerzas tradicionales en el estado venidas a menos, cosecharon un mejor resultado que Morena en la elección de 2021 a nivel de ayuntamientos.
En lo que respecta a diputaciones federales en 2021, la coalición Juntos Hacemos Historia logró siete, el mismo número que Movimiento Ciudadano. Sin embargo, es fundamental recordar que en Jalisco el voto opositor se dividió entre la coalición Va por México (PAN, PRI y PRD) y Movimiento Ciudadano, que optó por competir en solitario. Esta división entre las fuerzas opositoras a López Obrador provocó que ciertos distritos fueran a la bolsa de Juntos Hacemos Historia. Así se explica que Movimiento Ciudadano y la coalición Va por México obtuvieran decenas de miles de votos más que Juntos Hacemos Historia, aunque los mismos distritos en el caso de Movimiento Ciudadano y menos en el caso de Va por México.
A nivel distrital y municipal Jalisco también tuvo un comportamiento interesante por su baja participación. En el distrito 10 de Zapopan, la participación tocó apenas el 7.3 %, con la peculiaridad de que una cuarta parte de los ciudadanos votaron a favor de la revocación (26.5 %). En el distrito 3 de Tepatitlán de Morelos, en Los Altos de Jalisco, la participación cayó hasta 4.5 %, con la opción por la revocación alcanzando el 22 % de las preferencias. Esto indica que, aunque la principal estrategia de los ciudadanos que rechazan a López Obrador se concentró en la abstención, hubo distritos específicos en donde sí existió cierta movilización a favor de la revocación del presidente. Aunque votaron muy pocos, buena parte de aquellos que participaron lo hicieron para revocar al titular del Ejecutivo.
En lo que respecta al abstencionismo por municipio, Jalisco registró los tres territorios con menor participación de todo el país: Jesús María (2.9 %), Valle de Guadalupe (2.9 %) y San Ignacio Cerro Gordo (3.9 %), todos localizados en Los Altos de Jalisco, una región del Bajío particularmente renuente al obradorismo.
División interna de Morena Jalisco
Jalisco ha servido como tablero (o acaso mejor: campo de batalla) para que los distintos grupos políticos de Morena experimenten y midan sus fuerzas. Las dos principales facciones probaron suerte en los dos municipios más importantes del estado (Guadalajara y Zapopan) en las elecciones de 2021 con sus respectivos candidatos que eran adversarios declarados. El resultado fue que ambos candidatos fueron ampliamente derrotados por Movimiento Ciudadano.
El costo de las disputas internas de Morena en Jalisco ha sido la pulverización del liderazgo. A pesar de los errores y falta de resultados del gobierno de Enrique Alfaro, Morena Jalisco ha sido incapaz de capitalizar políticamente la difícil situación por la que atraviesa el estado. El peor adversario de Morena no es el gobernador Alfaro ni Movimiento Ciudadano, sino su división interna.
David Gómez-Álvarez
Director de Transversal y académico de la Universidad de Guadalajara
David Ricardo F. González Ruiz
Estudiante de Política en el ITESO, universidad jesuita de Guadalajara