Según los datos presentados por el Coneval a inicios de agosto, el porcentaje de población en situación de pobreza multidimensional aumentó 2 puntos porcentuales en el país entre 2018 y 2020. Mientras que la estimación de pobreza multidimensional está compuesta por diferentes indicadores (de bienestar económico y derechos sociales), la realidad nacional está a su vez compuesta por economías y acciones de gobierno que varían en las entidades del país. Para observar estas variaciones en las dimensiones de la pobreza y lugares del país, en esta entrada analizo las diferencias en los porcentajes de los siete indicadores principales de la pobreza multidimensional en las treinta y dos entidades de México entre 2018 y 2020.

Ilustración: Víctor Solís
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La pobreza es una situación en la que las personas no pueden satisfacer sus necesidades básicas y ven limitadas sus oportunidades de tener una vida mínimamente aceptable. Tradicionalmente, la forma de medir la pobreza ha sido observando el número de personas que están por debajo de un umbral de ingreso que les permitiría acceder a ciertos bienes y servicios. Al respecto, el Coneval emplea dos umbrales. Por un lado, la línea de pobreza por ingresos —monto con el cual es posible que una persona pueda satisfacer sus necesidades alimentarias y no alimentarias al mes— de 3767 pesos en el ámbito urbano y de 2653 pesos en el ámbito rural (a julio de 2021). Por otro lado, la línea de pobreza extrema por ingresos —monto con el cual es posible que una persona adquiera una canasta alimentaria al mes— de 1810 pesos en el ámbito urbano y de 1383 pesos en el ámbito rural (a julio de 2021).
Aunque el ingreso para adquirir bienes y servicios es importante para dimensionar el bienestar de las personas, también importan muchas otras dimensiones para que una persona pueda vivir una vida digna. En México, estas dimensiones son reconocidas como derechos que, al formar parte del pacto social expresado en la Constitución, deberían ser garantizados para cualquier persona: educación, acceso a servicios de salud, seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, servicios básicos en la vivienda, así como alimentación nutritiva y de calidad. De hecho, México fue el primer país en considerar en su marco normativo tanto el bienestar económico del ingreso como los derechos básicos sociales para estimar la pobreza. Esta medición multidimensional de la pobreza considera que una persona vive en esta situación cuando tiene ingresos inferiores a la línea de pobreza por ingresos y carece de algún derecho social (la pobreza extrema es cuando una persona vive por debajo de la línea pobreza extrema por ingresos y tiene al menos tres carencias de derechos).
Figura 1. Identificación de la pobreza multidimensional en México
Fuente: Adaptación de imagen de la Medición multidimensional de la pobreza en México: Un enfoque de bienestar económico y de derechos sociales. Coneval.
Nota: LPI es “línea de pobreza por ingresos”; LPEI, “línea de pobreza extrema por ingresos”.
Recientemente, el Coneval publicó la estimación de la pobreza multidimensional para los años 2018 y 2020. Con ella, es posible observar los avances y retrocesos en el país en la línea de ingreso y en los seis derechos sociales mencionados. Pero, además, es posible observar estos avances y retrocesos en cada una de las treinta y dos entidades del país. Esto adquiere gran relevancia pues los ingresos de las personas y la garantía de sus derechos dependen de realidades que son vividas de forma diferenciada e influida por el lugar de residencia: el mercado laboral local —que facilita contar con seguridad social o mejores ingresos por las diferencias de salarios mínimos o remuneraciones promedio—, la economía —al estar diversificada o depender en mayor medida de sectores que pudieron haber sido afectados durante la pandemia, como el turismo—, o las acciones de los tres órdenes de gobierno —al priorizar ciertas políticas desde el gobierno federal o implementar soluciones diferenciadas desde los locales—. En esta entrada, entonces, observo estos avances y retrocesos con las diferencias en los porcentajes de los siete indicadores de la pobreza multidimensional en las treinta y dos entidades del país entre 2018 y 2020.
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Ahora bien, el siguiente análisis considera únicamente la diferencia en el porcentaje de la población por debajo de la línea de pobreza por ingresos (para garantizar necesidades tanto alimentarias como no alimentarias de una persona al mes), o con la carencia de algún derecho entre 2018 y 2020. Lo anterior implica que una diferencia con signo positivo sería socialmente negativa: un mayor porcentaje de la población experimenta algo indeseable. Por el contrario, una cifra con número negativo sería socialmente positiva: hay un menor porcentaje de personas con ingresos insuficientes o con carencias. Asimismo, es importante mencionar que mantener el mismo porcentaje —o incluso algunas disminuciones— podría significar que hay más personas en esa situación, aunque represente el mismo —o menor— porcentaje con respecto al total.
Al observar los siete indicadores principales de la pobreza multidimensional (el de ingreso y los seis de derechos sociales), es posible formar tres grupos de indicadores (ver figura 2). En el primer grupo están los indicadores con mejoras en casi todas las entidades y positivos a nivel nacional: un menor porcentaje de población con carencia en acceso a la seguridad social (menores porcentajes en 23 entidades y una disminución de 1.4 puntos porcentuales —pp— a nivel nacional), con carencia de calidad y espacios de vivienda (29 entidades y -1.7 pp), así como con carencia de servicios básicos en vivienda (30 entidades y -1.7 pp). Destaca el caso de Nayarit, una de las entidades que presenta mayores reducciones en los tres indicadores, mientras que Nuevo León presenta aumentos en dos de ellos. En el caso de Nayarit, las reducciones de puntos porcentuales en estos tres indicadores son parte de las diez reducciones más grandes para todas las entidades en todos los indicadores.
El segundo grupo sería el de los indicadores con resultados mixtos por entidad (aunque negativos a nivel nacional). Por un lado, el porcentaje de la población por debajo de la línea de pobreza por ingresos aumentó en 18 entidades y 2.9 pp a nivel nacional. Por otro lado, el porcentaje de población con rezago educativo aumentó en 19 entidades y 0.3 pp a nivel nacional, mientras que el porcentaje de población con carencia a una alimentación nutritiva aumentó en 17 entidades y también 0.3 pp a nivel nacional. Puebla y Quintana Roo tienen aumentos por encima del porcentaje nacional en los tres indicadores (situación negativa), en tanto Colima es la única entidad que presenta un porcentaje menor en estos tres indicadores (situación positiva). El caso del porcentaje de población por debajo de la línea de pobreza por ingresos en Quintana Roo representa el mayor retroceso en puntos porcentuales de toda la gráfica. De hecho, esta entidad es la que cuenta con los mayores retrocesos en tres de siete indicadores. De forma sorpresiva, Quintana Roo también es el estado que cuenta con el mayor avance en algún indicador: una reducción de 6.8 pp en carencia de calidad y espacios de vivienda.
Finalmente, el último grupo estaría compuesto por el indicador con los mayores retrocesos: la carencia en acceso a servicios de salud que aumentó en todas las entidades y 12.0 pp a nivel nacional. Este aumento es considerablemente mayor en algunas entidades como Oaxaca (aumentó 20.7 pp), Guerrero (19.7 pp), Chiapas (19.5 pp) y Michoacán (17.5 pp). Después del caso de Quintana Roo con la línea de pobreza por ingresos, las cifras de estas cuatro entidades en salud representan los siguientes mayores retrocesos. De hecho, los retrocesos en salud representan nueve de los diez indicadores por entidad con los mayores aumentos de puntos porcentuales.
Figura 2. Diferencia en el porcentaje de la población por debajo de la línea de pobreza por ingresos o con alguna carencia social entre 2020 y 2018
Fuente: Medición de la pobreza 2018-2020 del Coneval
De los siete indicadores principales de la pobreza multidimensional, Chihuahua, Colima, Sinaloa y Tabasco mejoraron en seis; el caso opuesto es el de Nuevo León, que sólo mejoró en uno (ver figura 3). El promedio de indicadores con mejora entre entidades es de 3.8, la mediana es de 4, y hubo avances en 124 indicadores-entidad de los 224 posibles (es decir, en el 55.3 %). Lo anterior parecería indicar que en las entidades hubo ligeramente más avances que retrocesos. Sin embargo, al observar la magnitud de estos cambios, la situación se inclina hacia un mayor retroceso.
La figura 4 suma las diferencias de los porcentajes en cada entidad (agrupando en positivos y negativos). Esto no debe ser interpretado como el porcentaje de la población con mejora o retroceso pues una misma persona podría, por ejemplo, aumentar en más de una carencia. Al respecto, tanto a nivel nacional como en 25 entidades hubo magnitudes de retroceso superiores a las magnitudes de avance. Las entidades en las que las magnitudes de retroceso fueron mayores a las de avance son, de forma ordenada: Quintana Roo, Tlaxcala, Puebla, Nuevo León y Estado de México. Por su parte, Nayarit, Colima, Sinaloa, Tabasco y Campeche son las que presentan magnitudes de avance más grandes que las magnitudes de retroceso.
Figura 3. Indicadores de pobreza multidimensional con disminución del porcentaje de población por entidad federativa, entre 2020 y 2018
Fuente: Medición de la pobreza 2018-2020 del Coneval
Figura 4. Suma de las diferencias positivas y negativas en los porcentajes de los indicadores de pobreza multidimensional por entidad federativa, entre 2020 y 2018
Fuente: Medición de la pobreza 2018-2020 del Coneval
El caso de Campeche es realmente llamativo pues tuvo mejoras en cinco de siete indicadores, además de que la magnitud del avance fue superior a la magnitud de los retrocesos. Sin embargo, dado que una misma persona puede mejorar en varios indicadores, y diferentes personas pueden retroceder en varios, el resultado final de porcentaje de población en situación de pobreza aumentó en esta entidad 1.5 pp. El caso opuesto es el de Durango, que sólo tuvo mejoras en dos de siete indicadores, así como magnitudes de retroceso superiores a las de avance, pero disminuyó el porcentaje de población en situación de pobreza multidimensional 0.1 pp, dado que varias personas con carencias podían empeorar en mayor medida su situación.
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Estos avances y retrocesos son producto de varios factores: coyunturales —como la pandemia—, inerciales —de las estructuras socioeconómicas del país— y de decisiones puntuales de política pública de los tres niveles de gobierno. El principal atributo de la medición del Coneval es mostrar una fotografía de los aspectos más sustanciales del país para diagnosticar áreas que requieren atención: en algunos lugares como Quintana Roo, Tlaxcala, Puebla o el Estado de México, así como en el tema de acceso a la salud. Asimismo, esta medición permite observar lugares con grandes avances con la posibilidad de profundizar en aspectos podrían ser replicados en otros lugares: como los de Nayarit con reducciones de puntos porcentuales de gran magnitud o de Chihuahua, Colima, Sinaloa y Tabasco con mejoras en casi todos los indicadores.
Pablo de los Cobos
Investigador asociado del CIDE



