Sociedad civil y periodismo local: entre el recelo y las oportunidades perdidas

En las democracias delegativas, la debilidad o la abierta fragilidad institucional obstaculiza que la rendición de cuentas horizontal, basada en el sistema clásico de frenos y contrapesos, funcione cabalmente, lo que abre espacios para la arbitrariedad y la discrecionalidad. Sin embargo, es en este tipo de entornos en los que la acción conjunta de la sociedad civil y la prensa es esencial para impulsar los así llamados ejercicios de rendición de cuentas social (Smulovitz y Peruzzotti, 2000); o al menos, de exigencia o denuncia pública. Es precisamente en el plano local en el que los alcances de la rendición de cuentas social alcanzan sus dimensiones más tangibles, por las implicaciones concretas que tiene para la vida de los ciudadanos.

En nuestro país, la mancuerna entre prensa y sociedad civil se ha hecho patente especialmente en ejercicios que involucran la exigencia del derecho de acceso a la información. La entrada en vigor de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información en 2002 no puede entenderse sin considerar la participación conjunta de sociedad civil y periodismo. Otra experiencia reciente de convergencia positiva entre periodismo y sociedad civil fue la conformación del colectivo Medios Libres en 2017, que exigía transparencia y límites a los arbitrarios gastos destinados a la publicidad gubernamental colocada en medios de comunicación (Peschard, Salazar, y Olea, 2019).

La visibilidad mediática es indispensable para que los movimientos sociales puedan impulsar cambios políticos. La reacción de las autoridades frente a las demandas ciudadanas está determinada en gran medida por la manera en la que estos movimientos sean retratados por los medios. Pero en sentido inverso, el acompañamiento de la sociedad civil también es fundamental para la liberalización y el fortalecimiento de los sistemas de medios.

Ilustración: David Peón

A pesar de estas suposiciones teóricas, y de las experiencias de convergencia virtuosa entre ambos actores, no deja de ser llamativo por qué en México, el país más peligroso para ejercer el periodismo, hay una ausencia de indignación social nutrida cuando se violenta a la prensa. Más aún: la evidencia apunta a que hay una creciente desconfianza social en el quehacer de la prensa, lo que anuncia un dramático divorcio entre ambos actores.

Parte de la explicación puede encontrarse en la manera en la que la prensa local —la más próxima a las demandas ciudadanas— ha retratado a la sociedad civil. De hecho, una de las características para medir el grado de liberalización de la prensa es a partir de la diversidad de actores y temas que abordan las noticias, otorgando legitimidad a las demandas de grupos ciudadanos (Hughes, 2006; Lawson, 2002).

¿Quiénes son los protagonistas de las notas que aparecen en la portada de los 62 diarios de mayor circulación en México?1 En primer lugar, los actores de cualquier nivel de gobierno ocupan más de la mitad de los contenidos revisados (60 , considerando la suma de los gobernadores, 12 ; funcionarios estatales, 33 ; y de otros niveles de gobierno, 15 ). Grupos concretos de la sociedad civil, como el empresariado o el magisterio, ocupan respectivamente el 6  y 5  del total de las notas analizadas. Las organizaciones de la sociedad civil (OSCs) sólo ocupan los titulares como protagonistas en 2  de las notas. Actores del clero ocupan 4  de las notas, lo que los coloca prácticamente al nivel de los empresarios o el magisterio. Si reunimos las notas que hablan de actores de la sociedad civil (empresarios, magisterio, organizaciones de la sociedad civil y población en general), éstas sólo representan un 26  del total.

Gráfica 1

Los resultados anteriores eran esperables: los actores de gobierno, especialmente los titulares del poder Ejecutivo no sólo han sido los ejes gravitacionales de la vida noticiosa, sino que sus intervenciones directas en los contenidos noticiosos son frecuentes. Por naturaleza los actores de gobierno, especialmente el presidente, tienen más exposición y proyección mediática. Sin embargo, reproducir esta inercia supone mermar la pluralidad de voces que son representadas en los contenidos mediáticos, y por ende, la visibilidad de sus demandas y acciones.

Entre entidades federativas hay variaciones importantes. Quintana Roo y Durango, por ejemplo, son los estados en los que hay más cobertura de los diversos actores de la sociedad civil, considerados de manera agregada (43.3 y 41 , respectivamente). Para Quintana Roo son recurrentes las notas que refieren a grupos empresariales del sector turístico, y para Durango, el estilo de reporteo y redacción genera notas que toman como protagonista a “la población duranguense” para hablar de consecuencias de políticas públicas, por ejemplo, de empleo o educación. Destacan también los casos de Baja California y Sinaloa, estados en los que aparecen más notas con referencia explícita a OSCs. En el otro extremo, Hidalgo es el estado en el que menos se mencionan actores de la sociedad civil, pues un 91  de los titulares se refiere a actores gubernamentales de todos los niveles. Aunque hay varias explicaciones posibles a esto, una línea de investigación promisoria son los montos que se gastan en publicidad oficial.

Gráfica 2

Una buena noticia es que, a pesar de que la presencia de la sociedad civil en la prensa local es muy limitada, cuando aparece, se le cubre mayoritariamente en sentido positivo. Los empresarios, por ejemplo, son retratados como “actores de progreso”, y se enfatizan aspectos como la inversión privada y el desarrollo de grandes proyectos, generalmente de la mano con el gobierno estatal.

Quienes alcanzan mayor proporción de notas negativas son los representantes del magisterio, con 35.2  de titulares que hacen crítica de sus acciones o sus exigencias, especialmente cuando éstas involucran manifestaciones o protestas. Es decir, la prensa se muestra más abierta a visibilizar las acciones de grupos ciudadanos siempre y cuando estos no representen irrupciones al orden, como si ello deslegitimara automáticamente sus demandas. En esos casos, la prensa se desenvuelve más como un actor del establishment (Schudson, 2008) que como un aliado de la sociedad civil. Este mismo patrón se ha replicado en la cobertura de las manifestaciones de organizaciones feministas, que, aunque en fechas recientes se ha ido modificando, ha solido estar más enfocada en las consecuencias materiales de las marchas, soslayando la visibilización de las causas feministas y el propósito de las propias manifestaciones.

Gráfica 3

De todo esto podemos concluir que el discurso mediático continúa dominado por la narrativa y los actores de gobierno, que la presencia de la sociedad civil en la prensa sigue siendo limitada y que los medios se conducen con reserva al cubrir actores y exigencias ciudadanos. Cuando se trata de reflejar las demandas ciudadanas, la prensa local es más proclive a fungir como foro para algunos actores sociales que para otros, lo que explica la falta de identificación ciudadana con la prensa, en términos agregados. Es llamativo, además, que en últimos tiempos la aparición en los medios de actores involucrados en enfrentamientos violentos, como policía, milicia o miembros del crimen organizado, sea creciente.

En la joven democracia local mexicana, la construcción de vínculos positivos entre prensa y sociedad sigue siendo una labor pendiente. La coincidencia de prensa y sociedad civil aparece coyuntural en momentos específicos de la vida política, pero no hay una relación de alianza: ni la prensa se ha propuesto dar espacio a las demandas sociales, ni la sociedad civil se ha solidarizado con la prensa para proteger su labor. Más bien las convergencias constituyen acompañamientos efímeros que no terminan por erradicar el recelo ni generan relaciones profundas de solidaridad. De la existencia de lazos sólidos entre prensa y sociedad civil depende, en buena medida, la posibilidad de construir contrapesos vigorosos, fundamentales en el funcionamiento de las estructuras de rendición de cuentas social, irreductibles en la búsqueda de la consolidación democrática. Los discursos de polarización y enfrentamiento, sobra decirlo, corroen la ya de por sí frágil alianza entre estos actores, que terminan recelosos, distanciados por una brecha de desconfianza mutua.

 

Grisel Salazar
Profesora asociada del CIDE y Coordinadora de la Maestría en Periodismo sobre Políticas Públicas en esa misma institución.

 

Referencias

Hughes, Sallie. (2006). Newsroom in Conflict: Journalism and Democratization of Mexico. University of Pittsburgh Press.

Lawson, Chappell. (2002). Building the Fourth Estate. Democratization and the rise of a free press in Mexico. University of California Press.

Peschard, Jacqueline., Grisel Salazar y Octavio Olea. (2019). La publicidad oficial en México: Un problema de transparencia “opaca”. En J. Peschard (Ed.), La larga marcha hacia una regulación de calidad en publicidad oficial en México. UNAM.

Schudson, Michael. (2008). Why democracies need an unlovable press. Polity Press.

Smulovitz, Catalina y Enrique Peruzzotti (2000). Societal accountability in Latin America. Journal of Democracy, 11(4), 147-158.


1 Para analizar la manera en la que la prensa ha cubierto a diferentes actores de la sociedad civil en México, para este trabajo se tomó el contenido de los dos periódicos de mayor circulación diaria para cada una de las 31 entidades federativas (los principales 62 periódicos estatales en términos de su tiraje, según lo reportado por el Padrón Nacional de Medios Impresos). En total, la base de referencia quedó integrada por un total de 1217 ejemplares de diarios estatales, disponible aquí.

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Publicado en: Perspectivas locales