#Nortexit: ¿Por qué no le calas?

No es noticia que la pandemia y el encierro han causado estragos. Unos son anecdóticos, como el aumento del consumo de pan de plátano per cápita o la propagación de cortes de cabello improvisados producto de la neurosis capilar. Otros, en cambio, son más serios y preocupantes como es el caso de la viralización de fake news y la incubación de otro peligroso virus: el regionalismo.

Ilustración: Sergio Bordón

Durante abril, se desató en Twitter una serie de discusiones –por llamarlas de algún modo– alegando la necesidad de independizar los estados que conforman el norte del país, y los políticos, para sacar tajada, introdujeron al debate público la posibilidad de abandonar, o por lo menos reformar, el pacto fiscal.

El tono del debate y los argumentos a favor y en contra de esta fiebre independentista –rastreables a través del hashtag #Nortexit– eran una colisión entre las caricaturas de un norte incivilizado, pero económicamente pujante, y la de un sur subsidiado, pero poseedor de toda la cultura e identidad mexicana.

¿Vive México un riesgo de separación o sólo nos dejamos llevar por el furor del momento?

Para hallar respuestas resulta esencial recurrir a Jenni Rivera. Pues no sólo constituye una parte importante de la filosofía popular sobre la dicotomía centro-provincia, sino que además está familiarizada con la noción de intercambio que ofrece la frontera.

Hablemos claro, por favor hablemos claro
Aprovechemos, éste es el mejor momento
No más que sea como dos civilizados
No empecemos como el gato y como el perro

Pero, contrario a la canción, el presidente y varios gobernadores, sobre todo los del norte del país, se la han pasado como perros y gatos, buscando cada uno su raja política.

El ranking sobre el desempeño de las y los gobernadores publicado por Mitofsky en abril revela que, en general, la mayor parte de los mandatarios estatales ha ganado puntos durante la pandemia. Esto se debe a una razón operativa –las medidas locales corren a cargo de la comunicación estatal–, pero también al vacío discursivo que generó Andrés Manuel López Obrador al no ser el vocero principal de la estrategia contra la pandemia en México.

Un buen ejemplo es el de Jaime Bonilla, gobernador de Baja California y célebre contorsionista de la ley, que pasó de ser el amigo beisbolero del presidente a denunciar, el 13 de abril, que el IMSS actuó tarde para enfrentar la propagación del COVID-19 y que los médicos de estos hospitales estaban “cayendo como moscas”.

Por otro lado, la actitud de los gobernadores del noreste no fue exactamente de confrontación, pero tampoco se alinearon al discurso federal. Desde un principio Jaime Rodríguez, gobernador de Nuevo León, decidió enfrentar la pandemia a su ritmo e incluso se coordinó con los gobernadores de Tamaulipas y Coahuila. Lo más notable de ese esfuerzo conjunto, sin embargo, han sido las múltiples ruedas de prensa que no dejan claro qué han hecho juntas las entidades del noreste. Más allá de la inacción coordinada, resulta cuando menos sorprendente ver cooperación regional –aunque sea de dientes para afuera– entre gobernadores de distintos partidos.

Ahora bien, el gobernador que más ha buscado establecer un antagonismo con el presidente es el de Jalisco: Enrique Alfaro. Al respecto, la periodista Paloma Robles escribió un ensayo sobre la estrategia de comunicación alfarista y la utilización del virus como un enemigo frente al cual el gobernador puede colocarse en papel de héroe. Esa infraestructura discursiva le rindió frutos. Entre marzo y abril de 2020 Enrique Alfaro subió cerca de 15 puntos.

Sin embargo, aunque confrontar poderes estatales y federales claramente ayuda a capitalizar momentos políticos, no es la única forma de hacerlo.

Si bien los gobernadores que tomaron distancia de la Federación, principalmente los del norte, son los que más subieron su aprobación –Jalisco, Nuevo León y Tamaulipas–, al hacer un análisis nacional encontramos que los gobernadores que tuvieron un mayor incremento en su percepción positiva fueron Jalisco, el Estado de México y Guerrero; es decir, un solo estado del norte y dos estados del sur.

Dicen que el que se quema con leche, hasta al jocoque le sopla. Con el pretexto de la polarización los pleitos están en oferta y eso nos ha llevado como sociedad a pensar que romper lo vigente no es tan mala idea.

No estás a gusto, está bien, yo lo acepto
¿Qué quieres que haga si he tenido mala racha?
Si crees que otra sí ha de amarte por completo,
¿Por qué no empacas, le buscas y le calas?

El disgusto se ha vuelto bandera predilecta de varios políticos tras puntos en las encuestas. El senador Samuel García alegó, primero, la necesidad de que Nuevo León dejara el pacto fiscal; aseguraba que el gobierno federal abusaba del estado del noreste. Después matizó y señaló que sólo propone renegociarlo.

Varios gobernadores del país estuvieron de acuerdo y anunciaron que buscarían impugnar el pacto de coordinación fiscal mediante una controversia constitucional. El pasado 8 de mayo se llevó a cabo la octava reunión Interestatal Noreste COVID en el estado de Durango con la asistencia de los gobernadores de Nuevo León, Tamaulipas, Coahuila, Michoacán y, por supuesto, Durango. El evento fue una muestra de que estos políticos no conocen ni brújulas políticas, ni, la mera verdad, geográficas. A estos impulsos renovadores se unieron los gobiernos de Jalisco y Colima el 15 de mayo de este año.

Ahora bien, es verdad que el pacto fiscal existe desde hace 40 años, por lo que pensar en modificarlo suena incluso sensato. El problema es que este esfuerzo no nace de problemas tangibles –la baja recaudación del país, la desigualdad lacerante y un contexto de crisis económica que requerirá del apoyo del Estado–, sino de caprichos políticos y excesos discursivos.

La discusión del pacto fiscal está apalancada en la idea de que los estados del norte subsidian a los del sur y que se trata de una injusticia que hay que frenar casi por dignidad. Pero, ¿es esto verdad? ¿Sí habrá otra (coordinación fiscal) que ha de amarte por completo? ¿Son realmente los estados del norte los que enfrentan la mala racha del amor federal?

Si lo que dicen los gobernadores norteños y anexos es verdad, los estados que más dinero aportan a la Federación deberían verse más afectados por el COVID-19 debido al abandono federal. Sin embargo, la falta de amor que perciben las entidades norteñas es eso, un sentimiento, no una realidad respaldada por los datos.

Al analizar la proporción entre dinero recaudado a través de impuestos federales y el dinero que el gobierno federal devuelve en transferencias podemos ver que en realidad el esquema actual favorece a la región del país que se está quejando. El sur del país recibe solamente un peso en transferencias por cada tres pesos recaudados, mientras que el norte por cada peso que recibe recauda menos de dos ($1.74).

Más aún, en el contexto de la pandemia que azota al país, destaca que los estados del sur, que son los que más recaudan impuestos federales, son también los que han resultado más castigados por el COVID-19. Aun así, las quejas más importantes sobre la inacción federal vienen de los estados que tienen menos problemas para “domar la curva”.

Al analizar la relación entre contagios y dinero recaudado, encontramos que para el norte la relación entre ambas variables es muy débil, apenas de 0.23. Es decir: los estados del norte que dan más dinero no son necesariamente los más afectados.

Pensábamos que los estados que más dinero dan estaban siendo más afectados por el coronavirus y eso hacía perfectamente comprensible sus reclamos airados al gobierno federal. Sin embargo, para el caso del norte del país lo que nos muestran los datos es que estamos frente a una indignación movida más por el berrinche que por la evidencia.

Ahora bien, en el caso de las entidades sureñas sí hay una correlación fuerte –0.86– entre dinero enviado a la Federación y número de casos. Esto quiere decir que los estados que más dinero aportan al gobierno federal son los que más están sufriendo los estragos de la pandemia. En ese contexto surge una pregunta que no podemos responder: ¿por qué la y los gobernadores del sur no están exigiendo la ayuda correspondiente a su aportación?

¿Por qué no le calas?
Si te resulta, de una vez te felicito.
Y en verdad deseo que te vaya bonito.
Si no es así, nada más no pienses en volver
.

Y ya en serio, ¿por qué no le calan? Sencillo, porque los propios gobernadores saben que hasta ahora sus intenciones de renovar el pacto fiscal han sido movidas por el interés de ganar capital político. Lo anterior es perfectamente válido; más aún, modificar nuestro esquema tributario de forma que logremos afrontar la crisis económica sin condenar a más mexicanos a la pobreza debe ser prioridad.

El problema es que lo que escuchamos de nuestra clase política es un vaivén entre el lloriqueo y el complot; lo peor de todo es que amagan propiedad de un dinero que no les pertenece. Cada peso que recauda el gobierno federal o los gobiernos estatales es de la ciudadanía. Lo que esperamos de nuestros gobernantes es que administren los recursos públicos de forma que logremos construir una sociedad más justa y próspera, no que usen nuestro dinero como pretexto para encender discursos separatistas y discriminatorios por los que después no se responsabilizan.

El tamaño del reto es claro y el margen de acción es cada vez más pequeño. Es momento de que nos digan con honestidad a las y los ciudadanos si van a resolverlo o si no está en sus planes. Eso sí, si deciden no resolverlo que en la próxima campaña “no piensen en volver” para pedir nuestro voto.

Ya sabes mijito: ¡búsquele chiquito!

 

Ami Sosa
Periodista de datos, feminista y estudiante de la maestría en Periodismo sobre Políticas Públicas en el CIDE.

Luis Mendoza Ovando
Estudiante de la maestría en Periodismo sobre Políticas Públicas en el CIDE. Coeditor en la revista regiomontana Contextual MX.

Nota
Para revisar el código y tratamiento de datos elaborado por Ami Sosa puede consultarse y descargarse el proyecto con sus bases de datos en https://github.com/Ami1995.

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Publicado en: Perspectivas locales