En la salud y la enfermedad: López Obrador y Veracruz

Como en los matrimonios de antes: juntos en las buenas y en las malas. Durante su campaña y su primer año de gobierno, la apuesta de Cuitláhuac García fue la misma: estar muy cerca de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), ser su gallo en Veracruz. La estrategia ha resultado porque la aprobación del presidente ha estado sana, pero ¿qué pasará en épocas de enfermedad?

Desde los inicios políticos de Cuitláhuac García —como miembro fundador de Morena en la entidad, y como diputado federal por Xalapa en 2015— la estrategia de la cercanía ha rendido buenos frutos. En 2016, en su primera campaña para gobernador, obtuvo un sorprendente 26 %; en 2018, su campaña, basada de nuevo en la cercanía con López Obrador y apostando todo al “efecto arrastre”, dio excelentes resultados.

En 2018 Morena tuvo carro completo en Veracruz: AMLO recibió poco más de 2 millones de votos. García, en cambio, aun recibiendo 333 000 votos menos, ganó con relativa facilidad con un 44 %. Morena ganó también el legislativo estatal con el 41.95 % de los votos. El gobierno de Miguel Ángel Yunes —y su hijo candidato— reconoció rápidamente la derrota. El gobierno de García comenzaba con una legitimidad de origen poco común en tierras jarochas. Al fin el rayito de esperanza iluminaba uno de los estados más golpeados por la corrupción y sus efectos políticos, económicos y sociales.

Ilustración: Sergio Bordón

Y es que los malos gobiernos se ensañaron con Veracruz. A partir del gobierno de Fidel Herrera Beltrán, pero de manera especial en el desastroso gobierno de Javier Duarte de Ochoa, todos los indicadores de Veracruz bajaron estrepitosamente. Según Coneval, entre 2008 y 2018, la población con ingresos inferiores a la línea de pobreza subió de 54.3 % a 67.9 %, y la población en pobreza extrema pasó del 20.8 % al 32.2 %, siendo la entidad federativa donde más creció. También aumentaron la inseguridad, los asesinatos y las desapariciones, haciendo tristemente famoso a Veracruz por la cantidad de fosas clandestinas identificadas, y por la fortaleza de algunos colectivos, como Solecito, para buscar a los miles de desaparecidos en estos años. La pérdida de capacidades estatales, el asesinato sistemático de periodistas y las deudas impagables que dejó el pésimo manejo de las finanzas públicas se suman a la debacle que los veracruzanos sufrimos estos años. El año viejo 2018 ardió en el puerto de Veracruz con la ingenua sensación que ya habíamos tocado fondo. A partir de ese punto sólo podíamos subir.

Ese optimismo —esas ganas de creer— se reflejó en encuestas de opinión como mayor confianza en el futuro. Y la sensación no sólo era veracruzana: todo México sentía lo mismo. A esto se sumó la terca idea de que a Veracruz podría irle mejor porque el gobierno federal y el estatal eran del mismo color político y ambos eran del color esperanza. Llegó diciembre de 2018, con nuevos inquilinos en Xalapa y Palacio Nacional. La estrecha cercanía se ratificó: Veracruz fue el primer estado que AMLO visitó como Presidente de México. A esta visita siguieron 19 más durante 2019, convirtiéndose en el segundo estado más visitado por AMLO, sólo superado por Oaxaca.

Pero tanta cercanía tenía una explicación. La primera visita de AMLO como presidente se leyó como un espaldarazo al inicio de una gestión que comenzaba con dos grandes problemas. Por un lado, la crisis de seguridad, agravada por un abierto conflicto entre el gobernador y el fiscal —heredado de la gestión de Miguel Ángel Yunes—; por otro lado, por la designación de áreas centrales en el gabinete que dejaron muchos inconformes.

Respecto del primer punto, durante 2019 la crisis de seguridad, lejos de controlarse, incrementó, incluyendo las masacres en el sur de la entidad que dejaron 14 muertos en abril y 26 muertos en agosto del mismo año, más miles de muertos cotidianos en todo el estado. Fue la masacre de agosto la que obligó a inaugurar las acciones de la Guardia Nacional en Veracruz en esa época, convirtiendo a la entidad en “foco rojo”. En este contexto, se agravó la disputa política entre el fiscal Jorge Winckler y el gobernador, quienes se responsabilizaron mutuamente por la falta de resultados y la creciente sensación de inseguridad. Desde el inicio de su mandato, el gobernador acusó al fiscal de omisión en la persecución de la ola de delitos registrados en 2019, insinuando intenciones políticas derivadas de la cercanía de Winckler con el exgobernador Miguel Ángel Yunes. Esta situación se agravó con la masacre del bar “Caballo blanco”, donde hubo acusaciones directas sobre la omisión del fiscal en el caso, y a su vez una defensa por parte del fiscal de sus acciones. Esta disputa terminó con la destitución parcial del fiscal en septiembre de 2019 y definitiva en marzo de 2020.

Respecto del segundo punto, el control de dos áreas clave del estado, como Hacienda y Educación, quedaron en manos del círculo más cercano del gobernador, quien enfatizó esta cercanía como criterio de inclusión, más que sus capacidades técnicas. Lejos de generar consenso y tranquilidad, los titulares de las dependencias generaron incertidumbre. Por otro lado, otra área estratégicas, Gobernación, quedó en manos del poderoso Éric Cisneros, operador electoral de Morena y señalado en la prensa como cercano a AMLO, con un perfil muy similar al de Manuel Huerta, el “súper delegado” del gobierno federal. Esto incrementó  las peleas políticas entre facciones de Morena, por ejemplo, en el Congreso local y contribuyó a una creciente percepción pública de incapacidad del gobierno y sus políticas. La lenta “curva de aprendizaje”, los problemas estructurales y las pocas capacidades institucionales abonaron a crear esta opinión.

Así, las expectativas respecto de la capacidad del nuevo gobierno para afrontar los problemas más graves de la entidad, el crecimiento de la inseguridad, y el insuficiente crecimiento económico se vieron reflejados en la sistemática baja de aprobación del nuevo gobierno, que pasó a estar entre los gobiernos con menos apoyo en las encuestas de opinión. Incluso se desmintieron oficialmente los rumores sobre la inminente incorporación de Cuitláhuac García al gobierno federal, como una forma de controlar los daños que podría causar en las elecciones de 2021. Así, cada visita de AMLO —en ocasiones hasta dos veces en un mes— incluía alabar al gobernador, apuntalarlo, levantarle la mano en señal de victoria, gritar “¡Que viva Cuitláhuac!”, exaltar su honestidad y su compromiso. Ante la crisis de seguridad, ponerse del lado del gobierno criticando la función del fiscal. Ante los problemas de gestión, echarle la culpa al tiradero que dejaron, pedirle un voto de confianza a los veracruzanos en su gobernador.

Esta larga cercanía comenzó a rendir frutos hacia fines de año: Veracruz dejó de ser foco rojo en términos de seguridad, al menos para la prensa; los funcionarios estatales poco a poco fueron tomando el pulso del gobierno y dejaron las decisiones estratégicas a la Federación, cumpliendo lo que ordenara Palacio y apoyando los programas estratégicos de la Presidencia. Dejaron de oírse voces que aseguraban la próxima renuncia del gobernador —y AMLO pudo espaciar más sus visitas al estado. Y no es que Veracruz estuviera saliendo de los problemas: si bien la economía creció 1.6 % en el cuarto trimestre de 2019 , quedó lejos de la meta del 4.5 % anual. De igual forma, en el primer trimestre de 2020 se crearon 6 385 empleos (y no los 18 675 prometidos), y de acuerdo a México Cómo Vamos la informalidad supera el 60 %. Fue más bien esa idea recurrente de creer que no podríamos estar peor… hasta que llegó 2020, y con él la pandemia de COVID-19.

La crisis sanitaria que pone a Veracruz entre los estados con mayor número de casos y de muertos, y la crisis económica que se avecina, hacen pensar que esta vez la estrategia de que AMLO venga al rescate de Cuitláhuac García y su gobierno será necesaria —pero no suficiente. De hecho, en las dos primeras giras desde el fin de la Jornada Nacional de Sana Distancia, el mandatario ha estado en Veracruz, alabando una vez más la honestidad del gobernador. La pregunta es si esta fórmula funcionará una vez más ante la magnitud de la crisis a la que nos enfrentamos, y ante los primeros visos de reprobación del presidente y su gobierno en diversos estudios de opinión.  No es lo mismo en la salud que en la enfermedad… y no sabemos si bastará este matrimonio para salvarnos de lo que viene.

 

Felipe J. Hevia
Profesor investigador de CIESAS-Golfo.

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Publicado en: Perspectivas locales

Un comentario en “En la salud y la enfermedad: López Obrador y Veracruz

  1. Vino a mi mente la imagen de dos malos estudiantes copiando mutuamente en el examen. Y creen que el maestro no se da cuenta.

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