La confianza en las instituciones políticas es uno de los indicadores más usados para describir el estado de ánimo de una sociedad con respecto al funcionamiento del sistema político que la gobierna. Si sólo se pusiera atención a la evolución de la confianza en las instituciones políticas expresada por la sociedad mexicana, no sólo sería visible un alto grado de desafección institucional. A la par, parecería que ningún cambio de relevancia ha tenido lugar en este país en mucho tiempo.
Por más de dos décadas, la confianza de las ciudadanas y los ciudadanos mexicanos en las instituciones políticas se ha caracterizado por su precaria magnitud y su tendencia decreciente, sin ningún repunte perdurable. Las cifras reportadas por las encuestas presentan pocos indicios de que el entramado constitucional, normativo y organizacional del Estado mexicano se haya transformado sustancialmente desde la mitad de la década de los noventa. En ese lapso, de forma gradual y accidentada, se estableció la democracia electoral, se constitucionalizaron los derechos humanos, se reformó el sistema de justicia penal, se crearon instituciones en materia de transparencia y acceso a la información gubernamental y se promulgó un sistema nacional anticorrupción, entre muchas otras reformas de relevancia. Sin embargo, nada de esto parece hacer mucha diferencia en el ánimo colectivo.

Ilustración: Víctor Solís
Para comprender los motivos de la desconfianza política, desde luego, es necesario preguntarse por las razones que la población mexicana podría tener para confiar o desconfiar de las instituciones del régimen político. La desconfianza no es el reflejo de un débil compromiso cívico, sino el producto de la acumulación de experiencias directas e indirectas con el desempeño de las instituciones, lo mismo en términos de procesos que de resultados. Si la confianza política es un indicador del desempeño esperado de una institución, a partir de lo que esa institución ha hecho en el pasado, la magnitud de la desconfianza en México parece indicar que las expectativas de la ciudadanía con respecto al desempeño del sistema político continúan siendo mayoritariamente desfavorables, con todo y los cambios recurrentes en las instituciones formales.
Los motivos de la confianza y la desconfianza políticas, sin embargo, no sólo deberían buscarse en el plano nacional. En los países en los que los gobiernos subnacionales desempeñan un papel sobresaliente en la provisión de bienes y servicios públicos, la “conexión” o el “vínculo local” (the local connection1) es también un factor decisivo, a pesar de que pocas veces recibe la atención merecida. El vínculo local hace referencia al rol que juega el juicio de la ciudadanía acerca del funcionamiento de los gobiernos y bienes públicos locales en la configuración de las actitudes políticas hacia referentes más generales y abstractos, como el sistema político en su conjunto o la propia democracia.
Si bien la bibliografía que estudia la confianza hacia las instituciones en México es extensa, todavía se conoce poco la influencia del “vínculo local” en la confianza política o satisfacción con la democracia en este país. La evidencia disponible sugiere, no obstante, que los gobiernos subnacionales desempeñan un rol determinante en la explicación de la confianza en las instituciones políticas.2 Por ejemplo, un análisis realizado con información generada por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) a través de la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental 2017 (ENCIG, 2017),3 muestra que existe una conexión entre la calidad percibida en un conjunto de servicios públicos básicos en el plano local y la confianza en las instituciones políticas, la cual está influida de forma determinante por las diferencias entre las entidades federativas.
De acuerdo con los datos de la ENCIG 2017, la sociedad mexicana se encuentra insatisfecha, lo mismo con los servicios públicos locales que con el desempeño de las instituciones. Esto queda de manifiesto en la gráfica 1, donde se representa el grado de calidad que la población le atribuye a siete servicios públicos. En ese gráfico, una calificación de 1 equivale al nivel más alto de calidad percibida, mientras que el 0 representa una calidad nula. Desde el punto de vista de la ciudadanía, la calidad de los servicios públicos locales tiende a ser deficiente. Lo mismo puede decirse de la confianza en las instituciones políticas. En este caso, un valor de 10 representa un nivel de total confianza, mientras que el 1 es indicativo de una confianza nula o una total desconfianza. Como puede verse en el gráfico 2, las siete instituciones que constituyen la columna vertebral del régimen democrático-representativo mexicano tienen calificaciones reprobatorias.
Gráfica 1. Percepción de la calidad de servicios públicos locales (INEGI-ENCIG, 2017)
Gráfica 2. “¿Qué tanta confianza tiene en…?” (INEGI-ENCIG, 2017)
Ahora bien, entre las entidades federativas existen diferencias notorias en lo que respecta a la calidad percibida en los servicios públicos locales y la confianza en las instituciones políticas, como puede advertirse en el gráfico 3. Si el desempeño de los gobiernos locales careciera de impacto en las actitudes de la ciudadanía hacia el sistema político mexicano, se esperaría que el nivel de confianza institucional fuera el mismo para todos los estados e idéntico al promedio nacional. El hecho es, no obstante, que la relación entre la percepción de la calidad de los servicios públicos locales y la confianza en las instituciones políticas es estadísticamente significativa, lo mismo entre la ciudadanía que entre los estados de la república. Es decir, aún considerando las diferencias en materia de población, desarrollo económico o violencia, entre otros aspectos, las entidades en las que se perciben servicios públicos de mejor calidad son también en las que se observa mayor confianza en las instituciones.
Gráfica 3. Confianza en las instituciones políticas e Índice de percepción de calidad de los servicios públicos locales por entidad federativa
Fuente: elaboración propia con datos de INEGI-ENCIG, 2017. Promedios ajustados por el efecto de diseño muestral.
El vínculo local queda de manifiesto en una serie de predicciones del nivel de la confianza institucional que se podría esperar cuando la percepción de calidad de servicios públicos locales adopta diferentes valores. Como puede apreciarse en la gráfica 4, el nivel esperado de confianza en las instituciones es diferente para los estados de Nuevo León, Michoacán y Tabasco. Las diferencias entre esas entidades se explican por el nivel promedio de percepción de calidad de los servicios públicos en cada una de ellas. A saber, una persona radicada en Nuevo León, que considere que los servicios públicos locales son de excelente calidad, tendrá mayor confianza en las instituciones que otra, también radicada en ese estado, pero que opine que la calidad de esos servicios es completamente deficiente. Sin embargo, cualquiera de esas dos personas habrá de confiar en las instituciones políticas más que otros individuos que tengan la misma opinión acerca de los servicios públicos, pero que residan en entidades de la república como Michoacán, Tabasco, u otras, donde la calidad percibida de los servicios públicos locales sea significativamente menor. Así, en cierta medida, a causa de la calidad percibida de los servicios públicos locales, la confianza política esperada entre los mexicanos depende de la entidad federativa en la que residan.
Gráfica 4. Predicción del nivel de confianza institucional en distintas entidades federativas
Fuente: elaboración propia con datos de INEGI-ENCIG, 2017.4
El análisis de los datos de la ENCIG 2017 sugiere, en síntesis, que el desempeño de los gobiernos subnacionales influye de forma decisiva en las actitudes de confianza o desconfianza de la sociedad mexicana hacia las instituciones fundamentales del régimen político. Hoy en día, muchos ciudadanos pueden expresar dudas genuinas acerca del impacto que ha tenido la democracia electoral en mejorar el funcionamiento de las instituciones o la provisión de bienes y servicios públicos. Por lo señalado hasta aquí, eso se debe, por lo menos en parte, a las persistentes disparidades en las capacidades y el desempeño de los gobiernos locales en este país. Precisamente por ello, vale la pena insistir en la relevancia de fortalecer el Estado de derecho, la democracia y las capacidades de gobierno a nivel subnacional. Para la ciudadanía no son temas secundarios, de carácter micro o que atañen a problemas de gestión local: son elementos que hacen parte de lo que significa vivir en un régimen político responsivo, que rinde cuentas y en el que se puede confiar.
Alejandro Monsiváis Carrillo
Profesor investigador del Departamento de Estudios de Administración Pública de El Colegio de la Frontera Norte
1 El “vínculo local” es el término utilizado por Rebecca Weitz-Shapiro. Véase: Weitz-Shapiro Rebecca. (2008). The Local Connection: Local Government Performance and Satisfaction with Democracy in Argentina. Comparative Political Studies, 41(3), 285-308. https://doi.org/10.1177/0010414006297174.
2 Véase: Monsiváis-Carrillo, Alejandro. (2019). La calidad percibida de los servicios públicos locales y la confianza institucional en México. Región y Sociedad, 31, e1206. https://doi.org/10.22198/rys2019/31/1206.
3 Con cuatro levantamientos bianuales desde 2011, la ENCIG ha producido un acervo de información para conocer la opinión de la ciudadanía acerca de los trámites y servicios públicos locales. Una contribución adicional de esta encuesta es ofrecer datos para estimar la percepción, frecuencia y de los actos de corrupción que involucran a los ciudadanos. Véase: https://www.inegi.org.mx/programas/encig/2017/.
4 Este gráfico es similar a la figura 7 que se presenta en Monsiváis-Carrillo, op. cit.



