En agosto de 2019, el New York Times publicó una serie de artículos bajo el título: “Un futuro sin primeras planas”, que exploraba las consecuencias del cierre de más de 1,800 diarios locales en Estados Unidos en los últimos quince años. El equivalente a la quinta parte del total de publicaciones locales suspendió operaciones principalmente por razones económicas y por cambios en el consumo de las audiencias. Estos cierres sistemáticos, que también se han registrado en otras latitudes, son preocupantes no sólo por el papel preponderante de la prensa local para la cohesión de las comunidades, sino por los efectos positivos de ésta en las finanzas públicas, la participación ciudadana, la rendición de cuentas y la confianza en las instituciones, como se ha documentado aquí, aquí y aquí. El periodismo local es, a final de cuentas, el ámbito de información más cercano al ciudadano, la voz familiar y cotidiana que habla de sucesos y problemas tangibles en la vida diaria.

Es difícil saber si la tendencia de la desaparición de medios locales se ha expandido a México, pues carecemos de repositorios confiables incluso sobre los datos más básicos sobre la relación entre la prensa y sus audiencias, y también porque ninguna publicación periódica ha documentado su propia circunstancia. Además, salvo notables excepciones, la evolución del periodismo en nuestro país suele contarse desde el centro, relegando los diferentes derroteros de la prensa local, y las particularidades de los mercados mediáticos estatales.

Ilustración: Víctor Solís

La historia de la prensa estatal mexicana y el concepto que tenemos sobre ella se forjaron al calor de esta visión centralista. Daniel Cosío Villegas escribía que “la gran mayoría de los diarios de provincia son de escasas páginas, burdamente impresos y con informaciones locales rutinarias, presentadas sin novedad e imaginación”.1 Esta concepción podía ser parcialmente cierta durante gran parte del siglo XX, porque la prensa, del mismo modo que la mayor parte de las instituciones de la vida pública, orbitaba en torno a lo que ocurría en el centro. Sin embargo, el pluralismo político —que, por cierto, se instaló desde la periferia desde la década de 1980— cimbró el tablero de las instituciones políticas. La prensa no fue la excepción, y aunque se ha documentado poco su reconfiguración, es imposible soslayar que la prensa estatal ha impulsado proyectos indispensables para entender el periodismo mexicano actual. Como ha señalado Javier Garza, director de El Siglo de Torreón: “la más grande aportación a la transición democrática en el país ha venido de la llamada prensa provinciana, que abrió espacio a candidatos opositores, desafiando intentos de control político”. Es también de ese ámbito que han provenido innovaciones en la estructura de negocios (El Norte, Milenio, Noroeste), la elaboración de sólidas piezas de investigación (Zeta, El Diario de Yucatán, El Siglo de Torreón, A.M.), y la introducción de nuevas técnicas de verificación (Lado B).

A pesar de estas aportaciones, prácticamente no hay proyectos informáticos que se propongan documentar el estado de la prensa local mexicana. Una de las pocas fuentes es la Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumos Culturales, levantada en 2010 por el hoy extinto Conaculta y que no se ha actualizado desde entonces. También está la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares del Inegi, que en su Módulo de Lectura (Molec) incluye preguntas sobre el consumo de diarios, sin embargo, la agregación nacional de datos y la concentración en zonas urbanas, imposibilitan tener datos  estatales. Otra alternativa es la Encuesta Nacional de Lectura y Escritura (ENLE), que levantó Conaculta en 2015 y que incluye seis preguntas acerca del consumo de periódicos, desagregadas por estado. Aún así, es preocupante la ausencia de datos actualizados que provean un panorama preciso del entorno cambiante de los mercados estatales de medios, especialmente ante la rápida modificación de los patrones de consumo, producto del repunte de los medios digitales.

De acuerdo con la ENLE, los estados donde más población afirma leer diarios son Sinaloa, Tamaulipas y Yucatán, con 74%. En el otro extremo se ubica Oaxaca, donde sólo el 31% dijo leer diarios (gráfica 1).

Gráfica 1

Respecto del porcentaje de personas que consulta el periódico todos los días, los quintanarroenses encabezan la lista (38%), y los oaxaqueños se colocan al final de ésta (3%) (gráfica 2). Hay además una relación significativa entre el nivel de escolaridad y el ingreso con la lectura de periódicos.

Gráfica 2

Además, 90% de los encuestados dijo que los diarios impresos continúan siendo su formato favorito de noticias. La consulta de periódicos digitales, por su parte, continúa limitada a estados urbanos (Ciudad de México, Nuevo León y Baja California). Estos patrones probablemente se modificarán en el corto plazo.

Ahora bien, hay una gran variación en la oferta de diarios estatales. De acuerdo con el Padrón Nacional de Medios Impresos (PNMI) que integra la Secretaría de Gobernación, en 2019, Veracruz es el estado con más diarios (32), seguido de Guanajuato (21), y Sinaloa (19). En el otro extremo se ubican Zacatecas y Tlaxcala, con 2 diarios respectivamente. Como se observa en la gráfica 1, no hay una relación visible entre el número de periódicos por estado y la cantidad de lectores. En efecto, tal como se ha documentado, la desconexión entre oferta y demanda puede evidenciar la existencia de “periódicos fantasma” que funcionan como instrumentos de propaganda política o herramientas de ataque contra opositores. Medios que, en vez de cultivar una relación con sus audiencias, lo hacen con el gobierno en turno. El cierre de diarios locales no es siempre una mala noticia cuando se trata de publicaciones sin vocación informativa.

Las cifras sobre circulación revelan de manera más precisa la composición de los mercados estatales. Por ejemplo, mientras en Quintana Roo hay 115 ejemplares por cada mil habitantes, en Chiapas sólo hay 18. En promedio, en los estados circulan 56 ejemplares de diarios locales por cada mil habitantes. Dichas cifras deben tomarse con cuidado, pues el PNMI, además de ser un registro de auto-afiliación, no tiene mecanismos de verificación de los datos que reportan los diarios. Además, al ser el instrumento para asignar contratos de publicidad oficial, genera incentivos perversos para reportar cifras infladas.

En septiembre pasado, el nuevo gobierno invitó a los medios inscritos al PNMI a actualizar su documentación para permanecer en el registro; 876 periódicos y revistas de circulación local y nacional fueron eliminados por no actualizar sus documentos. Quizás por esta razón, se percibe un descenso general en el número de periódicos locales inscritos en el PNMI en 2019 si lo contrastamos con las cifras de 2016. Como se ve en la gráfica 3, sólo en 11 de las 32 entidades aumentó el número de diarios; destaca Coahuila, con siete nuevos periódicos inscritos en el PNMI. Las otras entidades con más diarios nuevos fueron Guanajuato (5), Veracruz (4), Yucatán (3), Chihuahua (3), Baja California Sur (2), Morelos (2), Querétaro (2), Quintana Roo (2), Estado de México (1) y Tabasco (1). En los demás estados hubo un declive; destacan Tamaulipas y Michoacán, que perdieron siete y ocho diarios respectivamente.

Gráfica 3. Evolución del número de diarios estatales 2016-2019

Fuente: Elaboración propia con datos del PNMI

Si bien las cifras anteriores sólo incluyen a los diarios registrados ante el PNMI, es imposible descartar que los declives sean causados por cierres de periódicos. Los casos extremos –Tamaulipas y Michoacán— llaman la atención por la posible asociación con las condiciones de violencia para ejercer el periodismo. En esa misma lógica, cabe recordar que uno de los pocos cierres de periódicos que fueron documentados por la prensa fue el diario Norte, de Ciudad Juárez, que puso fin a sus actividades después del asesinato de su colaboradora Miroslava Breach, en 2017. Hace falta una exploración más exhaustiva y una documentación más puntual de los cierres de diarios estatales para poder relacionar el surgimiento de “zonas de silencio” con las actividades del crimen organizado y las agresiones contra periodistas.

Otra explicación de las variaciones en el número de publicaciones es el reacomodo de los mercados producto y los ajustes en el gasto en publicidad gubernamental que reciben los diarios. Respecto de este punto, hay que mencionar que, más allá de los esfuerzos realizados por organizaciones de la sociedad civil para documentar la evolución de este rubro, es difícil encontrar fuentes confiables, especialmente en lo que refiere al gasto de los gobiernos estatales. Salvo contadas excepciones, la iniciativa conjunta de Fundar y el INAI para transparentar el gasto publicitario a nivel federal no se ha replicado a nivel estatal. Además, las distintas maneras de integrar este gasto entre aquellos estados que lo reportan hacen prácticamente imposible realizar comparativas entre entidades.2

Finalmente, sobre los contenidos rutinarios de los diarios estatales, un análisis reciente muestra que las diferencias son atribuibles al grado de profesionalismo de los periódicos, pero también al nivel de independencia de estos respecto de los poderes locales. En su mayoría, los medios locales reproducen el discurso de los miembros del gobierno y realizan poca crítica sobre temas que involucran a los funcionarios públicos, particularmente al gobernador. Al revisar las portadas de los dos diarios principales de cada estado entre 2011 y 2013, se evidenció que más de la mitad evitó cualquier tipo de crítica. Destaca el caso de Nayarit, donde no hubo un sólo titular crítico en el periodo. En el otro extremo aparece Nuevo León, donde 47% de las portadas analizadas incluía críticas contra el gobierno estatal. A reserva de actualizar los datos, al monitorear las portadas de diarios estatales para la última semana de noviembre de 2019, se evidencia que sólo entre 6 y 10% de las portadas son críticas de las autoridades locales. Preocupa que los medios estatales que fungen como contrapeso al poder local sean la excepción.

Pero por encima de esto, lo que es a todas luces visible es la necesidad de mejores datos y mayor análisis sobre el estado que guarda la prensa estatal en México. La paradójica falta de información sobre los medios informativos se agudiza en el ámbito local. Sólo con datos confiables que provengan, sí, de fuentes oficiales, pero también de una prensa que se ocupe de documentar sus propias condiciones, será posible apuntalar a los medios estatales y sus contribuciones potenciales a la vida de las comunidades. Sirva este texto como una invitación a exigir más y mejores datos sobre la prensa estatal.

 

Grisel Salazar
Profesora del programa de Periodismo del CIDE. Twitter: @griselsr.


1 Daniel Cosío Villegas, “Sobre la libertad de prensa”, en Gabriel Zaid (ed.), Daniel Cosío Villegas. Imprenta y vida pública, México, Fondo de Cultura Económica, 1985.

2 Veáse Jacqueline Peschard, Grisel Salazar y Octavio Olea, “La publicidad oficial en México: un problema de transparencia opaca”, en J. Peschard (coord.), La larga marcha hacia una regulación de calidad en publicidad oficial, México, UNAM, 2019.